Un filme tico presenta un viaje largo con poca emotividad en su relato.

Por: William Venegas 15 noviembre, 2015

Otra película costarricense, una más y nada más. Asunto cuantitativo: muy pocos filmes del país logran el salto hacia una condición cualitativa. Esta vez se trata de un mejunje o aguachirle sin fuerza ni sustancia, así de aguado, aunque visualmente agradable por secuencias.

Su título es El lugar más feliz del mundo (2015), filme de Soley Bernal, realizadora de origen colombiano afincada en Costa Rica. La verdad es que no pasa de ser versión biodegradable de lo que siempre hacen determinados cómicos del país, ahora metidos con calzador en cine.

El problema viene desde las debilidades de su guion. Precisamente, en esto es lo que más falla la mayor parte del cine costarricense. Su núcleo argumental tiene poca garra y menor coherencia, solo excita la epidermis del público: lo hace a partir de la presencia huera de sujetos ya conocidos en el medio farandulero.

El argumento remite a pleitos por audiencia entre dos canales de televisión, uno más poderoso que otro, como si fueran expresión frívola de la lucha de clases.

El canal rico paga a un asesino en serie para que mate a cuanto cómico participe en el canal pobre, llamado el canal de la comedia.

Al borde de la quiebra, el canal festivo lleva a sus intérpretes a un largo viaje hacia un lugar exótico donde se sentirán renovados por medio de distintas extravagancias y, así, volver y derrotar a los ricos. ¿Cómo lo harán?

Ese tal viajecito resulta largo para uno como espectador, mientras se llena de chistes fáciles y absolutamente predecibles. Es cuando la trama se cae sola.

'El lugar más feliz del mundo' narra la aventura de un grupo de comediantes.
'El lugar más feliz del mundo' narra la aventura de un grupo de comediantes.

Uno debe aceptar que también existe mucho público para este tipo de cine, público que se siente muy a gusto con las tonterías del caso y con el amaneramiento ilógico de algunos personajes, al estilo del teatro populachero del país, donde no puede faltar la "loca" en escena.

A ese público apunta la película. Por esa ruta, el objetivo visible de El lugar más feliz del mundo es el comercial y bien se sabe que cuando una película se hace con un ojo en la cámara y otro en la taquilla, se tuerce como árbol desgastado.

Si el núcleo argumental es más disperso que un rezo de loras, también es débil el diseño de personajes: parece más un filme pensado para sus actores que actores pensados para un filme. Así, el planteamiento de situaciones parece flotar según características reales de quienes ahí aparecen (actuar es otro concepto y ninguno lo hace).

Los diálogos empujan chistes malos y la trama parece salida de una lluvia de ideas y no de un proceso exigente de escritura. El guion hace aguas por todo lado. Cierto que hay buen aprovechamiento de medios técnicos para lograr ocasionales deleites visuales con el paisaje (urbano o no), pero con la música sucede lo contrario: estorba.

Casi siempre, en los buenos relatos hay un viaje, sea físico o emocional. El de este filme es como atravesar un largo desierto con la cantimplora vacía. Sobre el aplauso generoso o munífico del público, ninguna crítica profesional debe apoyarse en él, así se produzca una disonancia de opiniones, como en este caso.

CALIFICACIÓN

Título original: El lugar más feliz del mundo

Costa Rica, 2015

Género: Comedia

Dirección: Soley Bernal

Elenco: Álex Costa, María Torres, Carlos Álvarez, Eloy Mora

Duración: 119 minutos

Cines: Cinépolis, Cinemark, CCM, Nova, Citi

Calificación: UNA estrella ( * ) de cinco posibles