La película francesa El lenguaje del corazón trata el sentido humano del amor como una expresión del arte de vivir.

Por: William Venegas 28 septiembre, 2015

Un día de estos, al leer un artículo sobre el arte de narrar, este me recordó ese concepto humanista de un escritor revolucionario como lo fue Bértolt Brecht (1898-1956), quien insistía en que todas las artes deben contribuir al arte de vivir, y es –digo– al arte de amar al prójimo y la Naturaleza.

Ahora, una película francesa titulada El lenguaje del corazón (2014), más bien sencilla en su aspecto formal y dirigida de manera sentida por Jean-Pierre Améris, viene y nos recuerda esa condición. Es filme entendido como arte que, de manera ética, concuerda con las palabras de Brecht.

Por eso, esta película prefiere contar una historia verdadera y narrarla desde sus propios sentimientos, sin ser melodrama cursi y sin esas ostentaciones visuales que se quedan en la envoltura del relato y no en su esencia.

Esa condición anímica del filme le impide ser tan solo vehículo de información y, más bien, se obliga a “contar” su historia y a explicarla menos. Esto convierte al espectador en cómplice del mundo narrado.

Lenguaje humanista. Las actrices Isabelle Carré (como monja) y Ariana Rivoire logran encarnar sus personajes a tono con el arte del amor y de la vida que presenta una buena película. CINE MAGALY PARA LN
Lenguaje humanista. Las actrices Isabelle Carré (como monja) y Ariana Rivoire logran encarnar sus personajes a tono con el arte del amor y de la vida que presenta una buena película. CINE MAGALY PARA LN

La película se acerca así a los conceptos sobre el arte de narrar expresados por el crítico y ensayista alemán Walter Benjamin (1892-1940): “el arte de narrar en mucho consiste en no recurrir a la explicación”; el filme lo cumple.

En El lenguaje del corazón vemos a una niña que es sorda, ciega y muda a la vez. No se nos da referencias sobre eso. Por causa de su enfermedad, su carácter es insoportable. La vida de esta niña, llamada Marie Heurtin, se cruzará con la de una religiosa, quien se siente apelada a atenderla. Es el llamado de la bondad.

Sor Marguerite, tal el nombre de la monja, también padece una enfermedad terminal, de la que se dice bien poco. Así, esas dos mujeres tan distintas, en situaciones al borde de un abismo cada una, se encontrarán y hallarán el sentido de sus propias vidas: el arte del amor, el arte de vivir.

Por secuencias, el filme desgrana ese relato y, en otras escenas, lo conjuga o unifica con emociones dignas de ser sentidas. Esa es la habilidad narrativa del director Jean-Pierre Améris, quien también es coguionista.

Es indudable que el diseño de personajes está cincelado con mucha pulcritud, porque sobre ellos descansa la credibilidad del relato. De ahí, las actrices logran darnos las actuaciones más emotivas posibles, donde destaca con su arte comedido e intenso a la vez, algo nada fácil, la actriz Isabelle Carré (quien encarna a una monja muy sensible, pero determinante: sor Marguerite).

Para la jovencita Ariana Rivoire no es nada fácil su trabajo; por ello, es más convincente en unas secuencias que en otras. Con estas dos actrices, más buena fotografía y música oportuna, justa, El lenguaje del corazón tiene un tono preciso, por momentos poético, y así se acerca a un excepcional universo humano en su más pura esencia.

El argumento de esta película pasa por esa tangible abstracción llamada espíritu; como lo dijo el escritor irlandés C.S. Lewis (1898-1963): “Quizá estemos aquí para sentir al ser humano como sentido de amor”, puede ser la moraleja. La mía es que no se pierdan este filme.