Mucho blablá. Filme poco creíble

Por: Alexánder Sánchez, William Venegas 22 septiembre, 2013

Resultan un tanto extrañas estas películas que se anuncian como “basadas en hechos reales”, pero que –al verlas– están más cerca de la ficción que de la verdad. Así de exageradas se plantean desde el guion. Tal es el caso ahora de la película titulada El infiltrado (2013), dirigida de manera usual por Ric Roman Waugh.

Que un sujeto como Peter Parker, por ejemplo, sea pinchado por una araña de carácter especial y que, al rato, se transforme en superhéroe, eso es más creíble desde su propio universo que un papá común y silvestre, grandote nada más, se convierta en héroe al que podría envidiar el propio Hombre Araña.

Drogas. El actor Dwayne Johnson concentra la acción en filme que muestra la lucha contra los poderosos carteles de drogas en Estados Unidos. ROMALY PARA LN
Drogas. El actor Dwayne Johnson concentra la acción en filme que muestra la lucha contra los poderosos carteles de drogas en Estados Unidos. ROMALY PARA LN

Por ahí va la poco creíble historia “verdadera” de El infiltrado . Con la actuación apenas aceptable de Dwayne Johnson, quien frunce las cejas cada vez que siente la cámara encima, tenemos la historia de un padre de familia, empresario de transportes, quien ve a su hijo acusado de tráfico de drogas.

El papá en cuestión se llama John Matthews, quien se ha divorciado de su primera esposa para irse con otra mujer más joven. El hijo acusado de narco es de su primer matrimonio. Aún así, el señor Matthews está dispuesto a todo con tal de librar a su hijo de la cárcel.

Matthews llega a un acuerdo con una abogada del gobierno. Él se va a infiltrar dentro de un perseguido cartel de la droga y lo va a entregar a la justicia. En reciprocidad, su hijo quedará libre. Ohhhh, de pronto este señor salta de su escritorio para ir a conseguir lo que la propia agencia del Departamento de Justicia de Estados Unidos, en lucha contra los carteles de la droga, no ha ganado.

Eso hace el señor Matthews sin que lo pique ninguna araña: es casi un superhéroe; sin embargo, dentro de la tesitura, tratamiento y conceptos del filme, ello resulta poco o nada creíble. Desde ahí, comienza a descalabrarse la película, sí, olvida que “una cosa es verla venir y otra es andar con ella”. De manera más clara: “un pleito de gallinas no es asunto de cucarachas”.

No hay manera de tragarse el cuento de que este empresario, buen señor, dos veces casado, aunque macuco, les gane la partida no solo a mafiosos de la droga, sino también a los propios agentes de narcóticos que están tras ellos. Él, con la ayuda solita de un trabajador de su empresa, quien fuera delincuente alguna vez.

Una vez perdido el punto de credibilidad, se pierde el débito narrativo y dramático de la película. Es como si al griego Arquímedes se le hubiese quitado el punto de apoyo para sus explicaciones sobre la palanca. Digamos que el director de esta película se quedó sin palanca desde el diseño de personajes, quienes se ven arrastrados por diálogos flojos por improductivos.

El planteamiento de situaciones resulta forzado y el filme escasea en secuencias de acción vibrante: se entretiene de más en fórmulas agotadas del melodrama para enfocar líos de familia del personaje héroe.

La dirección de actores es deficiente. No hay exigencias mayores con la música ni con la fotografía. Se nota un montaje torpe y hay que soportar un latoso exceso de primeros planos.

La moraleja del filme nos dice que hay que huir de los líos de drogas, que la maldita droga es mala y que son peores quienes se enriquecen con dicho negocio. Lo dice con franqueza y razón, pero no por ello es buena película.