Miguel Gómez cumple con aquello de hacer cine en serie, pero no en serio

Por: William Venegas 6 octubre, 2015

Abro el paraguas. En Costa Rica cada vez que uno escribe una crítica adversa a alguna película nacional, de verdad que llueven improperios y hasta solicitudes de que uno renuncie como crítico de cine de La Nación . Ni modo. Hasta hay una señora por ahí que cada vez que me ve, me saluda como “el enemigo del cine costarricense”, lo cual no es cierto.

La cinta se estrena 7 años después de la primera entrega. Archivo
La cinta se estrena 7 años después de la primera entrega. Archivo

He tenido críticas positivas para algunos filmes del país, pero, me pregunto: ¿cómo diantres darle una valoración positiva a algo como El cielo rojo 2 (2015), que más parece un cancionero de música ralita y tiene un argumento del todo plano y sin sustancia alguna?

Parece que su director, Miguel Gómez, está decidido a ser vanguardia de eso que se llama hacer cine en serie, pero no en serio. En ese cine de Gómez, aún me resulta valioso su filme Italia 90 , por la calidez humana que logra con sus imágenes. Si a Miguel Gómez le interesa establecer marcas, como la de hacer la primera secuela del cine nacional, resulta esfuerzo pírrico.

Como secuela, El cielo rojo 2 es técnicamente mejor, pero no alcanza siquiera la calidad conceptual de su antecesora del 2008.

Si de la primera escribí que el guion era su debilidad, con ideas ingeniosas y apuntes críticos, pero que perdía coherencia e intensidad narrativas, ahora hay que decir lo mismo, solo que es como si naufragara el Arca de Noé.

De nuevo, pese al esfuerzo para que exista (esto es lo grave), la ausencia de un proceso narrativo condena al filme a un tedioso exceso descriptivo. Es peor en la fiesta donde aparece el propio Miguel Gómez, pésimo actor, con una intromisión desleal en el relato: se pone a hablar de sí mismo.

Por esa ruta, no hay tensión dramática en el texto y solo busca el chiste fácil (aunque tenga que ser leído de una revista por un personaje), como si se tratase de una reunión de amigos en cualquier bar de segunda. Entonces, con ese relato plano y de manera mecánica o artificial, tenemos excesos con el uso del lenguaje procaz o como se le llame.

La definición de personajes es harto superficial, con diálogos aún más frívolos, por más que busquen ser punzantes o corrosivos. De ellos, sí sale muy mal parado el actual presidente del país, don Luis Guillermo Solís, de manera merecida, pero con estilo más bien cajonero.

Hay debilidades en el sonido y no se aprovechan bien los parajes naturales, aunque hay un plano-secuencia muy bueno al llegar a un balneario. A los actores se les nota su deliberado esfuerzo por actuar de manera natural; por eso, el resultado es lo contrario: pura artificialidad, malas actuaciones por parejo.

El cielo rojo 2 no consigue su afán de ser cine de corrección formal y menos consigue su pretensión de contar bien una historia. Los fans de Miguel Gómez dirán otras cosas, obvio.

Ante eso, acudo a la valiente expresión del gran director de cine Pier Paolo Pasolini: “No puedo tener en cuenta la menor preparación o capacidad del hombre medio para entender el significado de una proyección, porque en ese caso estaría violando la libertad de expresión, no solo la mía, sino también la del espectador”.