He aquí un filme intenso para subir la presión; pero, más allá de la mitad, decae como por cansancio

Por: William Venegas 5 septiembre
Los asaltantes de bancos necesitan un buen chofer (al fondo, de rojo). Discine para LN
Los asaltantes de bancos necesitan un buen chofer (al fondo, de rojo). Discine para LN

No sé si ustedes han oído El aprendiz de brujo , del compositor francés Paul Dukas, llevado al cine por Walt Disney en la película Fantasía (1940), con el ratón Mickey, donde hay un “crescendo” dramático para diseñarnos el crecimiento de fuerzas incontroladas y desatadas por el aprendiz.

Al final de este scherzo sinfónico, basado en una balada de Goethe, el viejo brujo llega y debe poner orden con su fórmula mágica, más bien inesperada, en todo aquel desbarajuste por culpa del aprendiz. Hoy llega una película de acción, también de energías desatadas sin orden alguno, que no sea el de asaltar bancos. En inglés, el filme se titula Baby Driver , pero en castellano le han puesto uno muy al pelo: El aprendiz del crimen (2017), filme dirigido con intensidad visual por Edgar Wright.

El argumento narra la historia de un muchacho huérfano al que le dicen Baby, quien resulta un excelente chofer de autos. Por razones nimias, Baby queda en manos de un rudo jefe pandillero. De ahí en adelante, el joven se convierte en chofer designado de los asaltos a bancos. Es simple: unos asaltan bancos y la fuga queda en manos de Baby. Son los mejores momentos de la película. Aquí es muy importante el trabajo en la sala de montaje para darle el ritmo y brío que el filme necesita durante gran parte de su duración.

Dicho sea de paso, la música es importante en el ánimo de Baby: la música que él escucha lo alimenta en su adrenalina. Es para él como el fagot y los metales en la obra de Paul Dukas. Esto le trae a Baby problemas con sus compinches, lo que no debiera ser, porque la música es para Baby el cronómetro de los asaltos bancarios.

También de paso, digamos que la actuación de Ansel Elgort es del todo inexpresiva. Más plana que una pista de aterrizaje. Más bien pareciera que suplica por un Oscar para su actuación, pero tal vez un poco de purgante le habría sido mejor para obtener de él algún mohín expresivo.

La trama se tuerce a sí misma cuando hace que Baby se enamore de una joven camarera. Esto hace que él quiera salirse del mundo pandillero que lo corroe. Por eso, desata fuerzas sin control en su ambiente, como lo hizo el aprendiz de brujo que encarnó el ratón Mickey en otras pompas y circunstancias.

Sin embargo, aquí sucede lo contrario: mientras El aprendiz de brujo , de Dukas, crece en tensión musical y dramática, al igual que la película de Disney, esta otra, El aprendiz del crimen baja en intensidad y hasta en decibeles. Así, de un momento a otro, este filme comienza a meterse en el laberinto de un final feliz y, ¡lógico!, “El aprendiz del crimen” pasa de carreras de autos muy bien logradas, cargadas de emociones, a arrastrar sus pies hasta llegar a la parálisis ridícula de su trama (el final da pena ajena).

De las actuaciones, son salvables las de Jon Bernthal, Jamie Foxx y Eiza González. Es una película bastante coral o grupal con el accionar de sus personajes y, desde ahí, nunca es creíble el de jefe pandillero encarnado muy mal por Kevin Spacey; empero, aceptemos que es cine para pasar un buen rato con algunas secuencias de acción. Suficiente.

TÍTULO ORIGINAL: Baby Drive.

Reino Unido, 2017

GÉNERO: Acción.

DIRECCIÓN: Edgar Wright

ELENC: Ansel Elgort, Kevin Spacey

DURACIÓN: 113 MINUTOS

CINES: Nova, CCM, Citi, Cinépolis Cinemark.

Calificación: TRES ESTRELLAS ( * * * ) de cinco posibles