El cine escandinavo, sueco esta vez, vuelve a destacar en las pantallas del país con arte y humanismo.

Por: William Venegas 16 julio
Bahar Pars y Rolf Lassgård son parte de la sensibilidad de un filme excelente.
Bahar Pars y Rolf Lassgård son parte de la sensibilidad de un filme excelente.

A las dos funciones que asistí, los aplausos al final de la película sueca Un hombre llamado Ove (2015), dirigida de manera pulcra por Hannes Holm, realizador sueco de 54 años, dichos aplausos significaban –creo– el agradecimiento del público por un filme que sabe llegar al corazón del espectador con nobleza y generosidad.

No me acuerdo si yo aplaudí, porque al final estaba ahí decidiendo la calificación posible de un filme bien diseñado y mejor logrado. Un hombre llamado Ove es película modesta en sus ambiciones (no se trata de un superhéroe) y es sencilla en sus planteamientos (aunque nos pone a pensar), pero es harto incisiva en sus resultados.

Lo mejor es su arduo manejo de comedia y de drama al hilvanar su historia en un solo concepto fílmico, para nada me gusta ese concepto de "dramedia" que ahora se utiliza para este tipo de cine. Su fuerza no solo reside en su coherente y seductora estructura narrativa, sino también en lo específico de su tema, con buen manejo de las retrospecciones.

Así, el filme comprueba aquella frase de que "la reviviscencia de la herida pasada es más fuerte que cualquier voluntad por olvidarla". Es lo que vemos desde su personaje principal, llamado Ove, viejo cascarrabias o rezongón. Él es un tipo solitario y resentido: lo es con todo lo que lo rodea (sujetos u objetos). ¿Por qué?

La respuesta la va dando la película con buen humor y con bien localizado sentido dramático, sin presencias de psicólogos o de psiquiatras. Por supuesto que algo va a cambiar, porque nadie se baña dos veces en las mismas aguas de un río, por más que quiera. Sucede cuando una familia inmigrante llega a vivir a la par de la casa de Ove.

Por rutas que aquí no vamos a contar, Ove recupera la fe en el ser humano y en él mismo (en eso me gana: mi escepticismo es más fuerte que el de Ove). A la vez, vamos conociendo las causas de la personalidad gruñona de Ove. Estas secuencias son sinceras, mostradas con el corazón en la mano.

Conforme transcurre, este filme gana en sensibilidad y también en calidad. Entendemos muy bien que la caracterización de personajes resume en mucho la filosofía de la película, de ahí el valor de las buenas actuaciones. En nuestras retinas aún permanece la gran actuación de Rolf Lassgård como Ove.

Junto a él, como contraparte, destaca la joven embarazada inmigrante llamada Parvaneh, a quien encarna la actriz sueca nacida en Irán, en 1979, Bahar Pars. Con ellos dos se sustentan las emociones de Un hombre llamado Ove, emociones de una historia contada con mucho arte y compromiso.

Eso es parte de lo que debe transmitir una película que no solo sea derroche de tecnología (al estilo de la gran industria). Es filme que nos recuerda lo mejor de las comedias de Shakespeare, cuyo humor igual tiende al desarrollo de lo trágico, como lo dijo el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge.

Un hombre llamado Ove es película que no me cansaré de recomendar, también por el buen manejo de lo fílmico con su fotografía y su música, pero no solo por eso, sino por esa tangible abstracción llamada espíritu humanista que se siente a lo largo del filme, todavía más: en su concepción y en sus resultados.

Un hombre llamado Ove

Título original: En man som heter Ove

Suecia, 2015

Género: Comedia/Drama

Dirección: Hannes Holm

Elenco: Rolf Lassgård, Bahar Pars

Duración: 116 minutos

Cines: Magaly

Calificación: Cinco estrellas

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