Todos tenemos tres vidas, una pública, una privada y la tercera en el celular; casi siempre esta es un desastre.

Por: William Venegas 6 agosto
Siete actores, siete personajes y mucha comicidad con estreno en cine.
Siete actores, siete personajes y mucha comicidad con estreno en cine.

He aquí una película italiana con un buen manejo de lo que Alfred Hitchcock llamaba un McGuffin, esto es, una mera excusa argumental que genera una serie impredecible de acontecimientos. Eso, y no otra cosa, sucede en Perfectos desconocidos (2016), filme dirigido por Paolo Genovese.

Con cinco guionistas a bordo (entre ellos, el propio director) tenemos una hábil comedia muy bien conducida con salero y con sentimientos encontrados de parte de los personajes (muy bien diseñados y mejor interpretados). Es comedia que, al estilo de las de Shakespeare, es capaz de bordear lo trágico sin caer en ello.

A propósito de Perfectos desconocidos, me gusta lo que leí (sin firma alguna) en la revista Cineuropa, dice: "Todos nosotros tenemos tres vidas, una pública, una privada y una secreta. Había una época en la cual la vida secreta estaba bien protegida en el archivo de nuestra memoria, hoy lo está en nuestra tarjeta SIM. ¿Qué pasaría si esa pequeña tarjeta se pusiera a hablar?"

Ahí está el sema de la película, si entendemos que el sema es una unidad mínima significativa. Todo lo que sucede con la trama no es más que un campo asociativo con ese largo párrafo que, de manera arbitraria, nos hemos permitido citar y definir como sema de la película. En efecto, lean lo que sucede.

Entendido lo de las tres vidas que tenemos, he aquí que una noche tres parejas matrimoniales y un amigo soltero (este elemento del único célibe o solterito cobra una importancia cómica insospechada), esas siete personas, pues, se reúnen para celebrar un anunciado casamiento del amigo núbil.

En dicha fiesta, en un momento dado, alguien sugiere que todos pongan los celulares en la mesa, para que las llamadas y mensajes que entren sean de conocimiento de todos los presentes (este es el McGuffin). De alta comicidad, el resultado es infausto o cuasitrágico para todos. A más situaciones difíciles, más divertida es la comedia.

El filme consigue lo suyo y, a la vez, logra correr el telón sobre asuntos como la hipocresía, la duda en el amor o en la pareja, la mentira, la doble moral, el reproche, el perdón y vuelta a lo mismo. El filme escarba con sus personajes y, estos, lo único que hacen es enterrarse cada vez más en sus falsedades.

Muy fina la comedia. Aún más: hiriente, porque nos hace sentir como esos personajes cuya falta de sinceridad o de autenticidad se revela desde sus celulares (¿estamos dispuestos a vivir este mismo juego?).

Las actuaciones son magníficas: los actores "son" los personajes y sus vivencias nos atrapan. Pese a ser bastante claustrofóbica (casi todo sucede en una misma habitación), Perfectos desconocidos no se agota con su trama: la película respira en sí misma, por sí misma y lo hace en nuestras nucas.

Los elementos de la cinematografía en juego saben reforzar lo que antes he definido como el sema de los acaecimientos. El problema de este filme está en su final y es imposible describirlo en esta crítica, solo digo que es una película inconsecuente con toda la diversión habida y raya lo melodramático sin necesidad.

No está bien borrar con el codo lo que se escribe con la mano, dice el refrán, pero, igual, hay que recomendar esta película porque la van a pasar muy bien con la inteligencia de su humor. Si, de paso, alguien se siente aludido, pues, a quien le caiga el guante que se lo plante. Ya sabemos que aunque la mula se vea mansa, alguna maña le queda.

Perfectos deconocidos

Título original: Perfetti sconosciuti

Italia, 2016

Género: Comedia

Dirección: Paolo Genovese

Elenco  :  Giuseppe Battiston, Anna Foglietta

Duración: 97 minutos

Cines: Magaly, Nova, Cinemark Escazú, Terramall

Calificación: Cuatro estrellas de cinco posibles