Animación argentina Metegol es futbolín

Por: William Venegas 20 enero, 2014

Es de suponer que muchos de ustedes han visto cine del director argentino Juan José Campanella. Por supuesto. Se trata del realizador de filmes tan valiosos y líricos como El mismo amor, la misma lluvia (1999), El hijo de la novia (2001) y El secreto de sus ojos (2010).

Con sabor de buen fútbol y mejor diseño de personajes, el cine argentino se atreve bien con el cine animado en 3D. Foto: Cortesía de Romaly
Con sabor de buen fútbol y mejor diseño de personajes, el cine argentino se atreve bien con el cine animado en 3D. Foto: Cortesía de Romaly

Como suele pasar con el cine latinoamericano, dichos filme no tuvieron despliegue en las salas del país; pero ahora sí se anuncia y exhibe con bombos y platillos una buena experiencia animada de dicho director. Posiblemente así sucede porque tiene fútbol, mucho fútbol, como paradigma.

La película llega con el distintivo sello 3D y se titula Metegol (2013). En Argentina, el metegol es lo que en Costa Rica y otros países se le llama futbolín; incluso, con ese título se estrenó en España: Futbolín .

La historia tiene los ingredientes para un acogedor filme animado: tantos gramos de surrealismo como de romance, oportunas cucharadas de magia con fábula (moraleja incluida) y otros tantos de aventura con humor sustancioso.

El guion se basa en un cuento del conocido humorista, dibujante y escritor argentino Roberto Fontanarrosa, creador de personajes afamados como Boogie, el aceitoso, e Inodoro Pereyra. El cuento se titula Memorias de un wing derecho .

En cuanto a la película, en términos generales, no hay duda que aprovecha bien el hilo del relato, con buen comienzo y mejor final (al centro de la historia le falta un volante creativo que anime más). El final es lo mejor y, como bien puede suponerse, sucede en una cancha de fútbol.

Dicho cierre no solo ocurre en una cancha de fútbol. Es más: ¡se muestra con un partido de fútbol!, y este es de verdad regocijante. El público infantil lo disfruta montones, el adulto también y el crítico por igual, aunque con risas más solapadas.

La historia acontece en un pueblo argentinísimo y futbolero. Allí vive Amadeo, audaz jugador de futbolín, campeón a lo Maradona, pero quien resulta joven tímido en el amor (está enamorado de Laura). Un día, ese pueblo se ve amenazado en nombre de un mentado progreso, más bien malévolo con su proyecto.

Aquí, Amadeo descubre lo mágico del caso: sus queridos jugadores, los del futbolín, cobran vida y son tan valientes como buenísimos futbolistas. Con ellos, ha de salvar a Laura, quien ha sido secuestrada, y al propio pueblo, que también ha sido secuestrado. En un estadio abarrotado será el desenlace de esta simpática, épica, memorable y gran lucha.

Antes del glorioso triunfo con las mejores armas del buen fútbol, la película se traba un tanto por ser reiterativa. Lo curioso es que sucede también con el partido de balompié, pero este está presentado con tan obsequioso gusto visual, que no se ven perjudicados el tono lúdico ni el acento narrativo.

El diseño de personajes se plasma bien entrenado, tanto que se le puede aplicar tácticas de análisis de actuación, como si fueran sujetos de carne y hueso. Es así desde su comienzo, cuando alude nada menos que al filme 2001: Odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick, con tremendo golazo.

Con todo esto, si alguien gana, es el público, tanto el infantil como el restante. Su punto final es poco predecible para una historia que concluye con un juego de fútbol. Película recomendada.

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