Por: Gloriana Corrales 20 abril, 2013
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Mario Moreno, Cantinflas, estuvo en Costa Rica en 1982. Fueron poco más de 50 horas, con agenda llena de principio a fin.

La visita del genio de la comedia, con el fin de recaudar fondos para niños con síndrome de Down y ancianos de un hogar en Coronado, conmocionó a sus seguidores.

Los campos pagados para darle la bienvenida a Cantinflas colmaron todas las páginas del periódico de aquel 24 de setiembre.

Sus cintas se exhibían en la pantalla grande de cines como el Raventós, el Palace y el Central. Sin embargo, ese día las miradas estaban puestas sobre el cine Rex, donde Cantinflas asistiría al estreno de El barrendero , su última película.

“La entrada costaba ¢100, lo cual era híper híper híper caro. Una entrada normal valía ¢20”, recuerda Érick Fallas, crítico de cine de canal 13, donde aún es posible disfrutar de las cantinfladas.

El fallecido Ramón Coll Jaumet, quien fue dueño de la distribuidora Pelimex, lo trajo al país.

Su hijo Ramón Coll Montero, y su esposa, Flora Montero, confirmaron que el empresario fue amigo personal del comediante. Sin embargo, ninguno logró recordar alguna anécdota con Cantinflas.

“Tenerlo de visita fue todo un espectáculo. Fue una gran satisfacción poder saludarlo personalmente”, dijo el periodista Enrique Salas, quien cubrió el estreno.

El legendario mexicano también participó en un baile, en una subasta benéfica y visitó el Parque de Diversiones, el cual tenía un año de inaugurado.

Cantinflas se marchó el 26 de setiembre al mediodía. Fueron muchos quienes llegaron a despedirlo al aeropuerto Juan Santamaría, pero solo los empleados y los que se encontraban de paso para abordar otro avión pudieron acercarse para saludarlo, tomarse alguna fotografía o pedirle un autógrafo.