La fortuna de tres coleccionistas ticos no podría medirse con signos monetarios, pero el valor sentimental de las piezas es incalculable

Por: Gloriana Corrales 24 mayo
Aunque Christopher Camacho tiene ropa de Chewbacca, asegura que nunca se disfrazaría como el personaje. “Sería un wookie enano”, bromea. Diana Méndez
Aunque Christopher Camacho tiene ropa de Chewbacca, asegura que nunca se disfrazaría como el personaje. “Sería un wookie enano”, bromea. Diana Méndez

“Chewbacca es mi mejor amigo” bien podría ser parte de uno de los diálogos de Han Solo. Pero más allá de la ficción, es un sentimiento real difícil de explicar.

De hecho, la de Christopher Camacho es una casa fuera de lo común, pero que demuestra a la perfección la coherencia de sus palabras.

Él es uno de los tres coleccionistas ticos que nos abrieron las puertas para conocer sus más preciados tesoros.

El suyo nació a partir del obsequio de un Chewbacca marca Kenner, fabricado en 1977.

“Me lo regaló un amigo de mi papá y se convirtió en mi mejor amigo. Chewbacca no era para mí un personaje de película, sino que siempre andaba conmigo, y todavía lo tengo. Yo empecé a ver Star Wars por esa figura”, dice.

Camacho creció en la época de los VHS y de los clubes de alquiler de películas, de modo que solo algunas pocas veces le era posible ver las cintas de George Lucas

“Soñaba con ver a Chewie. No me importaba mucho la historia, yo era feliz cuando salía Chewbacca”, rememora.

De niño, siempre soñó con tener más figuras de su personaje favorito. Luego de mucho ahorrar, logró comprarse una imitación del Chewbacca de Kenner de 1995.

Pasarían 10 o 15 años para que por fin tuviera los medios económicos para adquirir el original, aunque el primero se reviste de valor sentimental.

“Yo colecciono de todos, no importa si son originales o no”, admite. “En eso está la colección, en mostrar las diferentes formas en las que la gente se imagina a Chewbacca”.

Hoy, Camacho tiene cerca de 180 piezas distintas del copiloto del Halcón Milenario: desde figuras de acción, hasta medias, aretes, ropa, tazas, audífonos, un Chewbacca Cara de Papa y hasta un autógrafo original del actor que vistió la piel del wookie , Peter Mayhew.

A algunos de los artículos los envuelve una mezcla agridulce de recuerdos, pues el año pasado Camacho sufrió un grave accidente automovilístico. “Mis amigos me visitaban y me traían chewbaccas para que me sintiera mejor”, comenta.

Charlie Morales, poseedor de otra colección monotemática, concuerda que aunque algunas piezas están muy bien valoradas, hay algunas que tienen una trascendencia emocional incalculable.

La suya es una colección de alrededor de 130 artículos alusivos a Boba Fett, acumulados a lo largo de dos años.

“La estética me encanta y es el único personaje con el que (Darth) Vader interactúa directamente para darle órdenes, es como su mano derecha. Además, el misterio del casco siempre me gustó”, explica.

Charlie Morales dice que el haber concentrado su colección en un Boba Fett le alivió el estrés de entrar a una tienda y querer comprarlo todo. Rafael Murillo
Charlie Morales dice que el haber concentrado su colección en un Boba Fett le alivió el estrés de entrar a una tienda y querer comprarlo todo. Rafael Murillo

Según Morales, para 1978 (un años después del estreno de Una nueva esperanza) ya estaban en el mercado los juguetes de la franquicia. Sin embargo, del rufián cazarrecompensas no existía ninguno.

El primero que se lanzó era, de hecho, una regalía. “Con la compra de alguno de los otros, te daban un Boba Fett. Pero no pudo salir (a tiempo), entonces te daban un certificado de regalo y lo recibías después por correo”, asegura.

Ese primer juguete es una de sus posesiones más valiosas. Aunque estaba previsto que disparara un cohete, tuvo que ser modificado debido a que los niños podían tragárselo. “Ya no se puede lanzar, pero ahí está el cohete”, dice.

Amor a primera vista. En 1981, cuando tenía 7 años, la abuela de Viland Fallas lo llevó al cine Yira, en San Pablo de León Cortés, a ver el Episodio IV: Una nueva esperanza.

“No sabía lo que me esperaba”, manifiesta. “De pronto se asoma un crucero imperial en la pantalla grande y pasaban los segundos y la nave no había salido completa. Estaba ante algo que no pasaría inadvertido en mi vida y así fue que quedé enganchado”.

Esa Navidad, los deseos de Fallas fueron cumplidos y recibió figuras de acción de Luke Skywalker, Obi-Wan Kenobi y de Darth Vader.

Su colección –se dice que es la más grande del país, pero él prefiere reservarse ese detalle hasta lograr constatarlo– la inició hace 12 años y aquellos tres presentes eran la base de todo, pero fueron sustraídos durante una remodelación en su casa.

Viland Fallas tiene cerca de 2.500 artículos de Star Wars , pero considera que aún le falta adquirir más cascos y armaduras. Graciela Solís
Viland Fallas tiene cerca de 2.500 artículos de Star Wars , pero considera que aún le falta adquirir más cascos y armaduras. Graciela Solís

“Esas primeras figuras hoy las conocemos como vintage y en su empaque original valen una fortuna”, afirma. “Luego los volví a adquirir, pero ya no es el mismo sentimiento”.

Fallas tiene entre 2.000 y 2.500 piezas que nunca ha visto exhibidas en su totalidad. “Tengo mucho guardado porque no me cabe en ningún lado. No sé cuántos cuartos ocuparía”, asegura. “Uno empieza con una repisa, que pasa a ser estantería, luego un mueble diseñado para eso y ya viene otro, y cuando te percatás, vas ocupando más espacios de la cuenta”.

“Conocés eBay y te volvés loco. La facilidad que ahora hay para poder comprar en Internet es lo que te lleva a que se te vaya la mano en esto”.

Aunque sus artículos más queridos son los alusivos a Luke Skywalker (“él es la luz, la esperanza”, dice), el coleccionista considera que la pieza más valiosa es una réplica de un sable de luz autografiada por David Prowse, el primer Darth Vader.

Su colección se compone de figuras de acción, vehículos, naves, cómics, enciclopedias, bustos, estatuas, réplicas y adornos para el hogar, algo que lejos de molestar a su esposa, se volvió una afición compartida.

Sin embargo, Fallas reconoce que el resto de la sociedad no suele apoyar su pasión.

“Siempre, en alguna medida, esto lo ven como algo de niños, como que uno no maduró. Realmente eso no tiene nada que ver. De hecho, para coleccionar, tenés que invertir, y es una inversión grande”, explica.

“Es un hobby , algo que nos llena, que forma parte de uno. Y así le gustaría a uno que el entorno lo vea”.

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