Disciplina El cubano Jorge Vega, del Taller Coreográfico de la UNAM, imparte lecciones y compartirá escenario con Valeria Alavez

Por: Fernando Chaves Espinach 22 febrero, 2014
Trabajo y mucho esfuerzo. | JORGE VEGA Y VALERIA ALAVEZ. MAYELA LÓPEZ
Trabajo y mucho esfuerzo. | JORGE VEGA Y VALERIA ALAVEZ. MAYELA LÓPEZ

La danza es una profesión particular: no se contenta con unas horas de trabajo al día, sino que exige que el esfuerzo se prolongue todo el día. El primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba y miembro del Taller Coreográfico de la UNAM, Jorge Vega, imparte un taller en la Escuela Danza Libre enfocado en las grandes demandas para el bailarín.

El cubano se presentará el sábado y el domingo en el Teatro de la Danza, junto con la primera bailarina del Taller de la UNAM, Valeria Alavez, y las bailarinas contemporáneas Tania Adame y Melissa Loza, del Grupo Minerva Tapia de Baja California.

Entre lecciones y ensayos, Vega y Alavez conversaron con Viva acerca de las exigencias de la profesión del bailarín. “Los maestros en Cuba son muy estrictos, los bailarines muy estrictos, y para escoger a un bailarín, debe pasar una serie de pruebas físicas y de aptitudes para poder llegar a bailar”, explica Vega de su escuela original.

Para él, una de las claves es que el bailarín expanda su conocimiento. “Tiene que ser un bailarín integral. No se puede ser un bailarín que no sepa hablar, no sepa escribir y baile muy bien”, dice.

No en vano, Vega destaca que, en Cuba, los bailarines cursan hasta 17 asignaturas relacionadas con las artes.

Con él coincide Alavez: “Un bailarín tiene que ser una persona increíblemente culta; tiene que ser una persona muy sensible, muy en contacto con sí mismo, con sus sentimientos y con los de los demás para poder interpretar lo que sea”.

Diverso. Presentarán un repertorio con obras clásicas, neoclásicas y contemporáneas. Para Alavez y Vega, es una forma de mostrar a estudiantes de danza y al público el valor del trabajo.

“El ballet se ve muy bonito en el escenario, pero, detrás de ese escenario, hay siete horas de ejercicio, de entrenamiento y fortalecimiento físico, y por ahí es donde se empieza, no en el escenario”, considera el profesor.

“La técnica del ballet existe y es como es por algo. Sí es muy estricta, sí tiene que ser muy rigurosa y, entre más correcto es un bailarín, su desempeño es mucho mejor”, opina Alavez, aunque agrega que el bailarín no debe olvidar que, sobre el escenario, también debe crear.

Ese aporte proviene, para ambos artistas, de la diversidad de influencias a las que se exponga el estudiante de danza. “Cada día, la danza, como todo en el mundo, se desarrolla, y lo que ayer era virtuoso hoy ya no lo es”, opina Vega. Para él, esa exigencia plantea el reto de persistir. “Existe el hoy y hay que aprovecharlo; mañana, ya veremos“, advierte.

“Solo enfrentar diariamente la clase de ballet ya implica en sí mismo un reto. En la danza nunca se termina de dominar nada, así que es una superación constante”, concuerda Alavez. Su prueba la darán sobre el escenario estos dos días.