14 marzo, 2015

Agatha jamás podría cargar su obra bajo el brazo, es absurdamente vasta. En el 2013, la marca Nissan le cedió un carro modelo Micra para que lo decorara: la diseñadora le regó encima un arcoíris de corazones.

El MADC expone carteles de la diseñadora de 1985 al presente. FIDCR para LN
El MADC expone carteles de la diseñadora de 1985 al presente. FIDCR para LN

Seguirle el hilo a una carrera así de diversa no es fácil; para hacer cronología de sus diseños, en el 2011 se dio el “lujazo” de crear una fundación propia.

La fundación Agatha Ruiz de la Prada no solo sirve de bóveda de sus obras, sino también como casa organizadora de exposiciones y como editorial de su última obsesión: los libros de catálogo.

“Ahora estamos haciendo muchísimos libros en el estudio. Yo no sé si me estoy haciendo mayor o que con la crisis tengo un poco más de tiempo libre o que me he obsesionao , pero en cuatro años hemos hecho casi once”, explica sobre esa labor.

Con motivo de su visita le hubiera gustado traerse la muestra de sus 50 trajes favoritos que puso a recorrer los museos de América Latina desde el año pasado. En esta ocasión no se pudo, le habría salido “carísimo”.

En su lugar trajo otra clase de fragmento de su vida, Carteles , una exhibición retrospectiva de sus diseños gráficos.

Así es como ha logrado salirse con la suya, nos agathizó el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo.

“Una persona que no me conozca y vea esto, en seguida me conoce”, asegura.

Aunque quizás no sea tan cierto. Una persona que no conozca el resto de su obra y vea la exhibición solamente, saldría del museo con curiosidad insaciable por ver más.

Inquieta. La diseñadora madrileña ha usado para verter su creatividad todos los lienzos que se le han antojado.

Su propia hija, Cósima Ramírez, le ha servido de marco. Igual que su madre, hace su vida pública y posa para los fotógrafos uniformada de pies a cabeza con los diseños Ruiz de la Prada.

Ha hecho lo mismo con los Carteles , los ha usado de formato para toda causa que le parece afín a su estilo plástico.

Por tradición, el arte del afiche no es tan noble como para pertenecer al museo ni tan permanente como para trascender la memoria de quien lo ve en la calle.

Eso a ella no la incomoda. La selección de sus diseños incluye desde los carteles que hicieron famosos a ella y su taller en Madrid en plena Movida, hasta más recientes anuncios de promociones de bancos. Todo grita “Agatha”.

Ha diseñado carteles a sus arriesgadas pasarelas, como los hay también para sus más sobrias colecciones de sábanas.

En uno de ellos modela contra una pared adoquinada de sus azulejos pintados con corazones y flores caricaturescos. En otro, sostiene un bebé en brazos para un anuncio de cunas, canguros y bolsos en formas de nubes.

Es así como el diseño industrial ha sido el mecenas de su carrera más experimental, que incluye vestidos hechos con trenzas de cabello, faldas con forma de sombrilla, soles y confites, y con aplicaciones gigantes, como por ejemplo un vestido con yemas de huevo.

Es imposible que el arte de Agatha Ruiz de la Prada pase por desapercibido. Para aquel que todavía la ignora, el tono de fucsia del que también se ha apropiado grita su marca en voz alta.