La Habana, DPA
Hablar de ballet ayer y hoy implica ineludiblemente hablar de Alicia Alonso, la prima ballerina assoluta cubana que brilló durante décadas en todos los escenarios del mundo y que hoy, casi nonagenaria, no puede vivir alejada de un teatro.
“El escenario es donde un bailarín debe estar, aunque solo sea caminando o sentado. Sobre el escenario me siento en casa”, aseguró la fundadora del Ballet Nacional de Cuba (BCN), que hoy celebra su 60 aniversario.
Alicia Alonso supo dar a la isla caribeña una nueva dimensión: la calidad de una danza clásica que ha sido reconocida por los mayores expertos internacionales y que colocó a Cuba en la cima del ballet mundial, codeándose sin complejos con escuelas consagradas como la rusa o la francesa.
Considerada la bailarina más longeva de todas las épocas –solo en 1995, a los 75 años, colgó las zapatillas de punta de manera definitiva–, la Alonso continúa hoy, a punto de cumplir 88 años reconocidos a regañadientes, al frente del BNC.
“Ahora que no bailo físicamente es cuando más necesidad tengo de expresarme con la coreografía”, explicó recientemente sobre su faceta de coreógrafa, a la que ahora se dedica en cuerpo y alma.
Alonso sigue acompañando a sus pupilos a cualquier parte del mundo pese a su avanzada edad y sus problemas de visión, una grave contrariedad que la acosa desde hace décadas pero que nunca impidió su ascenso al Olimpo de la danza.
Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez Hoya nació el 21 de diciembre de 1920 en La Habana, en el seno de una familia de clase media en la que nada incitaba el amor por la danza que sintió desde chiquita esta hija de militar.
Todavía adolescente, en 1937, viaja a Estados Unidos para continuar su formación y allí contrae matrimonio con el también bailarín cubano Fernando Alonso, de quien adopta el apellido.
En Nueva York, Alonso continúa su formación clásica con los mejores, como el coreógrafo George Balanchine, e integra varias de las compañías más reconocidas de entonces y ahora.
Aunque sin cortar sus vínculos con Estados Unidos, Alonso regresa en 1948 a Cuba para fundar con su marido y su cuñado, el coreógrafo Alberto Alonso, su propio ballet .
Divergencias con el régimen de Fulgencio Batista la obligaron a cerrarlo durante unos años.
En ese momento la bailarina expresó: “Yo tendré que marcharme de Cuba para seguir haciendo mi carrera, pero estoy segura de que el ballet de Cuba no muere porque lo dejo en manos del pueblo”.
La separación duró hasta 1959, cuando con el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro, este le dio el empujón financiero para continuar el proyecto, que desde 1960 lleva el nombre de Ballet Nacional de Cuba (BNC).
Su afinidad con el Gobierno le selló durante varios lustros las puertas de Estados Unidos. Sin embargo, la artista encontró en esta y otras regiones del mundo el reconocimiento que hasta 1975 no le devolvería el país donde había comenzado a despuntar.
A partir de entonces no hubo escenario que no se le rindiera en Estados Unidos, donde incluso llegó a ser recibida en la mismísima Casa Blanca por el presidente Jimmy Carter, en 1979.
Aunque asegura que jamás bailó para ser una gran estrella, las decenas de condecoraciones, premios, galardones y cátedras que atesora dan fe de su imborrable huella en el ballet clásico mundial.
Herencia. Miguel Cabrera, historiador del BNC, asegura que el legado de Alonso y del BCN a este arte es indiscutible.
“En el mundo entero se baila ballet , pero muy pocos han podido lograr la creación de una escuela. Pienso que la escuela cubana de ballet es el más grande aporte que ha hecho el ballet cubano a la cultura universal”, explicó.
El especialista agregó: “No solamente es la existencia de una gran compañía ni la presencia de una figura legendaria como es Alicia Alonso, y una pléyade de luminarias que surgieron en torno a ella, sino que se ha creado la más grande conquista: crear una escuela”.
Aunque está inspirada en la enseñanza de las escuelas más tradicionales de ballet , Alonso y su esposo han sabido inyectarle a sus movimientos su propio sello.
“Alicia, Fernando y Alberto fueron seleccionando de las escuelas que ellos conocieron y las fueron adecuando al físico cubano, a su temperamento, raíces culturales, idiosincrasia e inclusive hasta desde cómo se asimila la técnica. Pero hay rasgos puramente cubanos, como el respeto irrestricto a las posiciones básicas del ballet académico, ductilidad estilística, la rapidez de las piernas, heredado de los maestros italianos, y el giro, que puede ser lento o rápido”.
Añade: “Hay un diálogo entre el bailarín y la bailarina, que es uno de los rasgos que más nos identifican, porque hay compañías en que el bailarín y la bailarina nunca se miran. Aquí siempre hay una conversación entre los bailarines”.
Ahora, ¿qué sucederá cuándo la figura de Alicia Alonso ya no esté entre los cubanos?
“Su sitial en la historia no lo ocupará nadie, ese es un lugar para ella. Su labor fundacional, el ser capaz de mostrar las cimas de talento que tienen los cubanos le pertenece a ella para siempre. Pero hay una frase que le dedicó un escritor Cubano, Juan Marinello, que dijo que ‘“Su grandeza estribaba no solamente en haber hecho gloria, sino en hacer escuela’”, concluyó.
FOTOS

Incansable. La conocida coreógrafa cubana Alicia Alonso dice que todavía tiene mucho que hacer con el Ballet Nacional de Cuba. EFE




Momentos importantes
1995
Ese año rompió un récord: se convirtió en la bailarina de ballet con más años de danzar sobre el escenario. Sesenta y cuatro años después de su debut en La Habana.
2001
Ese año la artista recibió de manos de Fidel Castro la orden José Martí, el máximo galardón en su natal Cuba, por su destacada labor artística.
2006
Ese año se conmemoró el 61 aniversario de la obra Giselle , interpretado por ella. En ese festejo Alicia Alonso recibió un homenaje en La Habana.
2008
En sus 60 años de existencia el Ballet Nacional de Cuba, a cargo de Alicia Alonso, suma un legado de 225 bailarines, profesores, coreógrafos y especialistas.
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