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Lunes 24 de septiembre, 2007 |
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Veneno en cine Crank: Correr sin llegar a nadaWílliam Venegas wvenegas@nacion.com Si ustedes pusieron atención debida a la publicidad para el estreno de Crank: Muerte anunciada (2006), entonces habrán tenido un indicio del contenido del filme. Dice la publicidad: “Acción, drogas, sexo, adrenalina”. ¿Será por esto que a los críticos dizque transgresores les ha gustado este filme realmente vomitivo? Dicen que a mala lluvia, buen paraguas; pero con esta película no hay toldo que valga. El argumento ha sido llevado de manera harta al cine: el de un tipo al que le meten un veneno en el cuerpo, por lo que debe luchar por encontrar al asesino, buscar un antídoto, salvarse y terminar feliz con su novia. Es este caso, el “héroe” es otro asesino, quien debe correr y correr, como tigre tras gacela, para mantenerse con toda la adrenalina, porque ello neutraliza el efecto del veneno. Parece una locomotora sin frenos, y eso es toda la película: de principio a fin, o sea, una corredera adrenalínica. Sin ningún esfuerzo intelectual, sin contenido de nada, la película nos deja evidente una enseñanza: la droga esnifada, inflanarices, o inyectada, y el sexo compulsivo, por donde sea y como sea, son buenos medicamentos en algunas situaciones estresantes. Por supuesto que el guion intenta ponerle un poco de gracia a esa moraleja correlona, pero es humor insípido y facilón. Es humor sin hache. Dicen que hacienda de señores se la comen los señores. Esta película concentra todo su argumento en el personaje envenenado, personaje mal diseñado, lineal e inexpresivo. Por eso, al agotarse la credibilidad en el personaje, el filme se viene a pique. El veneno se come a la película. De tanta corredera, la cinta se agota, le falta aire por ausencia de ideas: quien mucho corre, pronto para. Dicen que quien nace para burro, de niño ya tiene orejas. De alguna manera, la morbosa publicidad define bien la estulticia presente en la trama, agobiada por una puesta en imágenes llevada a puro videoclip: como si este fuera el lenguaje más posmodernista del sétimo arte. Es cine sin ninguna preocupación por el encuadre, el plano ni la secuencia. Sus soluciones visuales son totalmente arbitrarias. O sea, la cinta es vanamente pretenciosa sin lograr nada en lo comunicativo ni en lo estético. Recordemos: “Quien se pinta de bueno, o es tono o tiene veneno”. ¡Ah, sí! ¡El veneno! Tal vez Jason Statham sea mejor actor que Van Damme o Stallone, pero entre tanta carrera, ¿quién se ocupa del noble oficio de la actuación? Statham, no lo hace ni le preocupa, menos si le da por hacerse el divertido: “El que se siente gracioso siempre resulta muy engorroso”. Le pasa al actor y le pasa al filme: engorroso y apurado. Dicen que quien no muere en la guerra, se resbala en la bañera. De tanta corredera, el guion llega a un final totalmente atropellado, rocambolesco e incoherente. Crank: muerte anunciada dura solo 87 minutos, y el filme se nos hace eterno. Pese a lo trepidante de la acción, alguien duerme ricamente en su butaca: dichosa esa persona. Para terminar, el filme tiene dos directores, Mark Neveldine y Brian Taylor. ¿Estos señores son directores o perpetradores?
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