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Lunes 17 de septiembre, 2007 |
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Mr. and Mrs. Macbeth Prosaico. El montaje ahuyentó la música verbal shakespirianaAndrés Sáenz asaenz@nacion.com El montaje en inglés de Macbeth , tragedia de William Shakespeare (1564-1616), estrenado en el Teatro Nacional, el viernes, es una realización de la compañía TNT Britain, la misma que el año pasado escenificó ahí King Lear. El programa de mano identificaba a TNT Britain como TNT Ensamble Teatral de Inglaterra, pero eso no es exacto. TNT no es un conjunto teatral radicado en Inglaterra. Más bien, se trata de una compañía itinerante asociada con la productora de espectáculos teatrales American Drama Group Europe (ADG Europe), con sede social en Alemania, que se dedica a montar obras en inglés con el propósito de llevarlas en gira por distintos países. Como fue el caso de King Lear , la puesta en escena de Macbeth es una versión de la obra con un elenco reducido, en la que seis actores (cuatro hombres y dos mujeres) representan todos los papeles, con la excepción del actor que solo personifica al protagonista. Es comprensible y aceptable que una compañía itinerante reparta los personajes de ese modo. Sin embargo, número aparte, todavía los actores deben encarnar los distintos personajes de manera convincente y, tratándose del teatro shakespiriano, el cometido histriónico exige la valoración del importe sonoro del texto. Estos requisitos me hicieron falta en las actuaciones, sobre todo en los papeles de Macbeth y Lady Macbeth, y encontré que la locución prosaica no solo diminuyó el contenido poético de los parlamentos, lo que Bernard Shaw llamó “ la música verbal ” ( word-music ) intrínseca al verso shakespiriano, sino que redujo la estatura dramática de los protagonistas, convertidos en ordinarios Mr. and Mrs. Macbeth . Asimismo, el estilo superficial y generalizado de recitar el texto exhibido por el elenco, de la garganta para afuera, sin ninguna implicación corporal, organicidad expresiva o resonancia interna, ahuyentó toda emoción de la tragedia. De hecho, el único momento conmovedor, en las casi tres horas que duró el espectáculo, fue la horrorizada reacción de MacDuff, el antagonista, cuando recibió la noticia del asesinato de su esposa e hijos. Me pareció nulo el interés y atractivo estético de la distribución del espacio escénico, el decorado y otros aditamentos visuales y acústicos. Además, encontré anodina la coreografía, risible el aspecto de las tres Brujas y ausente la atmósfera maléfica de la obra, desprovista de la significación portentosa de los acontecimientos. En el montaje tampoco se hizo sentir el ambiente opresivo que pesa sobre la acción. Eso sí, durante la escena del Portero, el director introdujo en la puesta un personaje femenino, y ella y el Portero compartieron movimientos sugestivos de un coito. El director también puso al Portero a orinar y a peer, con sonidos. Very funny.
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