Costa Rica, Martes 23 de octubre de 2007

/VIVA

Estadísticas Resultados Posiciones Calendario Jugadores

Concierto:

Un viaje como ninguno

  Un tecladista que tocó hasta con Sting, el ingeniero de Los Rolling Stones, un Melico Salazar que no paraba de bailar y de amar. Todo gracias a Zucchero, concierto como una flor en el ojal.

Ana María Parra A. | aparra@nacion.com

De la mano de Zucchero cualquier cosa puede pasar, menos, quedarse callado o quedito.

Aquella noche del domingo el Melico Salazar estaba ansioso. Entre niños, jóvenes, adultos de mediana edad y otros de pelo cano se escuchaba: “¡Zucchero, Zucchero!” Era el llamado de los amantes de este italiano, grande y fino exponente de la música contemporánea que intenta hilar el blues , el pop, el rock , el funky y todo lo demás.

Y daba el reloj las 8:25 p.m. y la ansiedad aumentaba, las 8:20 p.m....y ahí iba el crescendo hasta que casi al dar las 8:30 p.m. muy de sombrerote, muy de botas y de jeans negro apareció Zucchero con su guitarra.

Comenzaba con Dune Mosse y remataba con Occhi la primera de las seis entregas que haría de su más reciente álbum el Fly .

¡Baila! Amoroso, entre luces tenues y que apenas llegaban al púrpura, iba siendo el viaje de Zucchero que con Quanti Anni Ho iba dando mordisquitos en el corazón. Fue hasta que vino Venus y Baco –primer sencillo del Fly – que aquello pasaba del amor a la euforia, pero de manera cómoda. Iba todo tomando el color del blues que tanto pesa en este nuevo disco del italiano.

Y entonces para cuando vino Cuba Libre (Mi amor) al Melico ya le costaba seguir con la cola pegada en el asiento.

Así iba Zucchero, con dosis de amor y de temas inyectados. Él pidió –en buen italiano como fue todo el concierto– que quería ver a la gente moverse.

Les tiró Baila morena (Sexy Thing) –todo un hit al que ni modo, se le pegó alguna vez Maná– y el Melico desde entonces no se pudo contener: bailaba la gente entre las butacas, levantaba la gente los brazos, y todo era un mar de alegría y de caderazos que no disminuía.

Pocas fueron las canciones después de Baila a las que la gente regreso a su posición, políticamente correcta, de sentada. Lo hicieron para Senza Una Dona –preciosa y que alguna vez hizo Zucchero a dúo con Paul Young–, o Everybody’s Got To Learn Sometime .

Quilates. “Dime con quien andas y te diré quién eres”... Zucchero, el hombre de los más de 11 millones de discos vendidos, aquel que dejó su aspiración de ser veterinario, aquel al que Bono le hacía canciones y Pavarotti lo llamaba “amigo” no podía comerse el mundo con menos de lo que trajo al Melico.

Desde el teclado David Sancious hacía lo que le daba la gana, pero sin que el ego lo tentara a robarse el show .

¿Qué se esperaba de alguien que acompañó a Bruce Springsteen en La E Street Band? Así, sentado de forma tan minimalista un músico disimula, para bien, su alta estatura en la industria.

Don David es un multinstrumentalista, así que, cuando abandonó su banquillo de tecladista para guindarse la “lira eléctrica” en IL Volo fue una una linda sorpresa.

Sin aspaviento estaba en el Melico ese hombre que en el 74 andaba con la E Street Band , con Peter Gabriel, Sting, Eric Clapton y Francis Dunnery...

En cada uno de los 21 temas de Zucchero en el Melico, Sancious iba como quien adereza con delicadeza no como el que condimenta a golpe de pote.

Cada músico en lo suyo. Mario Chirillo que lleva años acompañando a Zucchero en la guitarra se le acercaba para gozar en temas como Overdose .

Del baterista Adriano Molinari una estética precisa de sonidos brillantes salía de sus manos. Nada de excesos.

Paul Howard Jones esperó su momento: Diavolo In Me con la que Zucchero cerraba muy arriba el concierto. La virtud de la prudencia era lo que a este trozo de Fly en Tiquicia lo iba haciendo grande, y en especial, fino.

Fue en el Diavolo In Me en la que Jones, con la guitarra a cuestas, iba dando vueltitas por el escenario mientras el Zucchero tenía a la gente de pie bailando y bocas siguiendo al pie de la letra...su letra.

Erizaba la piel Kathleen Dayson, una guitarrista bien plantada y con una potente voz manejada a lo blues y a lo gospel .

Sus segundas voces para Diamante –cuyos primeros acordes arrancaron gritos– o su forma de jugar hasta iluminar Cosi Celeste hacían que las canciones se metieran por el ombligo y se fueran serpenteando hasta donde empieza la garganta.

Zucchero perfecto entre lo perfecto que puede ser un “blusero”: su voz carrasposa –cuando debía serlo–, clara cuando era necesaria, intensa si la letra desgarraba y dulce si era porque se extrañaba algún amor–. Una paleta de colores fue Zucchero en el que puede calificar como uno de los mejores conciertos de la temporada local.

Pero alguien grande como grande es Zucchero y el resto de la banda quedaba en el equipo. Sus maniobras iban claramente estructurando y diseñando cada nota y cada frase de Zucchero. Robbie McGrath, ni más ni menos que el ingeniero de sonido de Los Rolling Stone y quien, entre todo lo que ha hecho, se cuelga el haber remezclado el Simple Three , de U2 (1979), era el responsable del sonido para Zucchero en el Melico.

¡Qué forma de tejer los efectos sobre la voz! Sutilmente. ¡Qué forma de insertar los efectos de sonido –aves marinas por ejemplo en El Cosi Blue . Mientras Zucchero tocaba sentado al piano las aves parecían envolverlo en ese tema que forma parte del bello Fly .

Y es que el domingo con Zucchero era fácil volar. Lo mismo para sentirse el corazón gordo de amor, que las piernas deseosas de estirarse para ponerse en bailadera con las caderas.

Un viaje de alto vuelo que el Melico no quería que acabara. Zucchero y su banda se retiraron del escenario, y a todo pulmón el público los reclamaba... incluso con palabras de amor: !te quiero Zucchero!”, ¡Grande Zucchero!”, ¡Viva Italia, viva Zucchero!”. Hombre y banda regresaron para dar tres temas más: Hey Man , con un mood entre blues y rock viejo enternecedor; Per Colpa Di Chi y una obertura que no podía ser obviada cuando un amigo falta: Miserere , que la dedicó a su amigo Lucciano Pavarotti. Con Zucchero en el Melico el gran tenor parecía estar ahí porque su voz sonaba pegada a la de Zucchero en una de las piezas más emotivas de un domingo por la noche que no se parece, ni se parecerá, a ninguno otro. Un viaje que con gusto se volvería a tomar.

FOTOS

Nacion.com

En vivo. Lo mismo tocó sentado que de pie, Zucchero hizo en el Melico Salazar repasos por su disco Fly y por temas claves de su carrera como Senza Una Donna .Priscilla Mora LN.

Nacion.com

  • Nacion.com
  • Nacion.com
SERVICIOS En tu Celular En tu PDA Fax Horóscopo Cartelera de cine
| GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | ESTADOS FINANCIEROS DE LA NACIÓN | ANÚNCIESE EN LA NACIÓN | TARIFARIO DE LA NACIÓN | TRABAJE EN LA NACIÓN
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com
Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS