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 Martin.El aclamado director durante su clase maestra de cine en Cannes. AP
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Cine:
Scorsese confiesa sus obsesiones Sus enseñanzas: En una lección de cine, Scorsese subrayó la necesidad urgente de la locura y la obsesión en todo cineasta
Cannes. AFP “Para ser director no es necesario pasar por una escuela de cine”, en cambio “hay que estar loco, tener una naturaleza obsesiva”, lanza el director Martin Scorsese, ganador de dos Oscar de Hollywood por Los infiltrados e invitado al Festival de Cannes.
“Para hacer películas hay que estar loco, ¡es una obsesión peligrosa!”, afirma muy serio Martin en su lección de cine impartida en el Palacio del Festival.
“Quiero decir que es indispensable querer hacer películas por encima de todo en la vida. Si otros son capaces de tener una vida personal, una familia, ¡que Dios les bendiga! Yo hablo de mí”, añade el director, de 64 años, que viajó a Cannes para lanzar una Fundación Mundial para el Cine para rescatar grandes obras caídas en el olvido.
Nace la obsesión. Sentado en un silloncito negro ante 900 personas, Martin Scorsese, con gafas de montura gruesa y traje gris perla, cuenta su vida y comenta extractos de películas suyas mientras son proyectados.
“A mí no me quedó otra”, dice, arqueando las cejas, “a los tres años era asmático y en aquella época era una enfermedad muy seria”.
“El asma me impedía jugar con los demás niños y sobre todo practicar deporte: me pusieron en un cuarto con un vaporizador, me dieron medicinas muy fuertes que me cambiaron la voz... ¡estupendas, las medicinas de los años 1946-1947!”, bromea el director neoyorquino.
Destacando en su butaca, como un diablo larguirucho salido de su caja, su compatriota Quentin Tarantino, con una camiseta de Batman y sonriendo como un niño, escucha prestando mucha atención.
“Mis padres eran de un medio popular, en mi casa no se leía y lo único que podían hacer era llevarme al cine”, añade Martin.
Decir por las cintas. A medida que va contando, el hijo de emigrantes italianos se pone a hacer confidencias.
“A fin de cuentas, creo que mis vínculos con el cine y las películas pasan por mi relación emocional con mis padres: como no conseguía decirles lo que sentía, vivía mis sentimientos hacia ellos a través de las películas a las que me llevaban”, dice el director de Taxi Driver .
“En un sentido, pienso que nunca lo he superado y esto me dio la obsesión emocional de dar gusto a mis padres. Además, a ellos les gustaba las películas que yo hacía, la mayor parte en todo caso”, continúa Martin Scorsese.
A la edad de 11 años, el pequeño Marty contrae una bulimia “cinefílica” que le conduce a “entrar en un cine, ir a otro, y a otro y a otro más” para ver sus películas fetiches: The Big Heat , de Fritz Lang, estrenada en 1953, o Al Este del Edén , de Elia Kazan, el año siguiente.
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