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Lunes 28 de mayo, 2007 |
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Ballet que reafirma la identidad Cumplidores. Nuevas generaciones de alto nivel técnico bailaron obras contemporáneasMarta Ávila iceagqa@ice.co.cr En su tercera visita a Costa Rica, el Ballet Nacional de Cuba presentó un repertorio variado: El Corsario , en versión de Alicia Alonso/Maruis Petipa; Después del diluvio, de Alberto Méndez; Tiempo de danzón y El Chueco, de Eduardo Blanco. Las composiciones mostraron diferentes facetas de los estilos coreográficos que maneja la agrupación que pronto cumplirá 60 años. El espectáculo se inició con Tiempo de danzón, de Eduardo Blanco, con música de Arturo Reymena. Es un divertimento grupal de corte contemporáneo donde los ejecutantes se apropiaron de la técnica para crear formas dinámicas, al estilo Balanchine , el cual no pretende narrar historias. En Tiempo de danzón encontramos un interesante trabajo de parejas estilizando el género bailable de la danza criolla cubana del siglo XIX.
Luego, vino el dúo El Corsario . Aquí dominó del estilo academicista establecido por Marius Petipa, en el cual el brillo técnico es lo fundamental. Los primeros bailarines Anette Delgado y Miguelángel Blanco hicieron gala de su talento; ella con naturalidad enfrentó las series de los fouettés y piqués pirouette . Así mismo, Delgado lució un rebote en los saltos y buenas líneas de las piernas en los arabesque attitude . En el papel masculino, Miguelángel Blanco se apoderó del escenario con fuerza en sus destellantes saltos y giros. Utilizando segmentos de la partitura del Carnaval de los animales de Camile Saint-Saëns, el coreógrafo Alberto Méndez creó Después del diluvio . Con un grupo de casi treinta bailarines de solvente nivel técnico y manejo del unísono, se recrearon imágenes agradables de ese carnaval de biodiversidad. A este poema coreográfico de corte neoclásico se le pudo explotar más el aspecto lúdico. Después del intermedio, bailaron El Chueco , inspirada en un tema del mexicano Guillermo Keys. Con esta obra, Eduardo Blanco nos presentó una temática costumbrista. Algo similar a lo que hizo Michael Fokine en Petruschka , en 1911, con los Ballets Rusos de Diaghilev, en París.
La tendencia coreográfica de Blanco se encuentra dentro del ballet neoclásico. Aquí la técnica proviene de la académica, sin embargo las formas y los pasos adquieren una dimensión menos rígida y con mayor fluidez en el manejo del torso y las extremidades. Además, el tema se aleja de los tradicionales cuentos de hadas o historias fantásticas. El Chueco nos sitúa en un barrio latinoamericano, con los típicos personajes: vecinos bondadosos, villanos, penitentes, ángeles, prostitutas y saltimbanquis. El coreógrafo nos acerca a los rasgos de nuestra identidad donde predomina la pobreza y corrupción. En cuanto al desenvolvimiento, los telones laterales redujeron el espacio en el escenario, que impidió ver bien las variaciones o los diseños espaciales en las diagonales de los penitentes o el cuarteto del monstruo de los rapaces. El Ballet Nacional de Cuba demuestra una vez más que en ese país se siguen formando buenos bailarines y creando obras que contribuyen a reafirmar la identidad latinoamericana con un lenguaje universal.
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