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Martes 1 de mayo, 2007

Notas Espectáculos:

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Manu Chao.Juan de la Cruz Calivá para LN
Crónica:

¡En su cara!

El domingo, el Festival de Coachella vivió su jornada más política. Manu Chao y Rage Against the Machine dirigieron sus dardos a la clase gobernante y más de 100.000 almas les dieron, a gritos, su voz de apoyo.

Victor Fernández G.

vfernandez@nacion.com

Indio, California. Enemigo a muerte del sistema capitalista, el Ché Guevara no vería con muy buenos ojos que camisetas con su efigie se vendieran aquella soleada tarde dominical como cualquier mercancía, haciendo del revolucionario argentino otro producto que se rige por las reglas del merchandising.

Sin embargo, para decenas de miles de jóvenes, usar la mítica estampa del Ché en el pecho era obligatorio, pues aquella era la jornada menos políticamente correcta en el famoso y sonado Festival de Música y Artes de Coachella.

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Juan de la Cruz Calivá para LN

Tal y como estaba previsto, el gobierno del presidente George W. Bush fue el pato de la fiesta en el cierre del festival californiano, donde sobraron menciones y reclamos hacia la administración estadounidense, la mayoría cortesía de dos de los actos más políticos que el rock ha tenido en la última década: el francés Manu Chao y el cuarteto Rage Against the Machine, que escogió justo el cierre del Festival de Coachella para dar su primera actuación en más de seis años.

Pero injusto sería decir que la última jornada del concurrido evento fue solo de reclamos y catarsis, pues todo el gentío que se dio cita en el desierto bailó y a gozó a más no poder, casi como que si esa misma noche el mundo se fuera a acabar.

Hoy o nunca. La noticia de que Rage haría su regreso formal en Coachella fue la carnada perfecta y ya desde tempranas horas era fácil presagiar que el domingo sería el día más poblado de todo el fin de semana festivalero.

Y es que, si bien es cierto Rage ahora dará al menos unos cuatro conciertos más, verlos en el primero era lo que contaba.

Aunque ese día la música empezó temprano, a la 1 p. m., los artistas abridores, como Mika y Lupe Fiasco, tuvieron poco auditorio, en vista de que en la víspera ya los Red Hot Chili Peppers y Tiësto le habían sacado el jugo al gentío, por lo que el domingo empezó muy tarde para la gran mayoría.

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Crowded House.Juan de la Cruz Calivá para LN

Sin embargo, conforme los minutos se consumían, el público fue metiéndose en sintonía con actos vespertinos al estilo de The Coup, Explosions in the Sky, Against Me!, Paul van Dyk, la temperamental Lily Allen, CSS, Klaxons y los mexicanos Rodrigo y Gabriela.

En la tienda Sahara hubo una actuación inolvidable de parte de Soulwax. Mezclando elementos electrónicos con una base rítmica en vivo (el baterista es un salvaje), los belgas dejaron claro por qué son los favoritos de muchos.

Al final de la tarde, en el escenario principal, el veteranazo Willie Nelson metió matiz no solo con una dosis de country (de verdad) sino también algo de blues. Antes de él, la banda de hip-hop The Roots encendió las primeras antorchas políticas del día y, de paso, nos recordó por qué son de los pocos raperos a los que sí toman en cuenta en el circuito alternativo (¿50 Cent o Eminem en Coachella? ¡Ni en sueños!).

A unos metros de distancia, en el Outdoor Theater, los Kaiser Chiefs dieron un número de puro rock and roll , suficientemente potente como para que sus espectadores brincaran a rabiar, incluido un mexicano ataviado con una camiseta de cerveza Imperial, el símbolo comercial más internacional de nuestro querido terruño.

La recta final. Conforme entró la noche, el grueso del público empezó a acercarse al escenario estelar, pues se sabía que Rage estaba a solo unas horas de distancia. Y fue para esos momentos que el Empire Polo Fields se volvió la tierra en la que las camisetas hablan: la mayoría representando al artista favorito de su dueño (incluido un valiente que se puso una de New Kids on the Block) o sus ideales.

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Lemonheads.Juan de la Cruz Calivá para LN

Así, Emiliano Zapata, el Comandante Marcos y el Ché Guevara terminaron participando de un megaconcierto donde la entrada, por día, costaba $84.

Pero, aunque Rage era el imán mayor, tampoco hay que creer que todos estaban ahí por ellos (para gustos, los colores).

Así, miles disfrutaron la participación de Placebo, matizaron las buenas canciones de Damien Rice o recordaron la nostalgia ochentera con Crowded House. De este último grupo llamó la atención que se le ubicara en la tarima principal, justo antes de Manu Chao y Rage.

Sin embargo, los australianos respondieron con clasicazos como The World Were You Live , Something So Strong y (Don’t Dream) It’s Over hicieron recordar las razones de su estrellato, 20 años atrás.

Las cosas subieron de tono con Manu Chao. El flaco abanderado del movimiento antiglobalización habló en un trabado inglés pero cantó siempre en español. Su actuación fue frenética, con una banda tan descarriada como su líder, interpretando una mezcla de rumba, pop, ska y punk que le voló la cabeza a todo Coachella.

En la pieza Me gustas tú (tocada con un tempo más acelerado), Manu Chao hizo lo que todos esperaban: emprenderla contra Bush, a quien calificó como el más grande terrorista del mundo.

“El terrorismo no se combate con más terrorismo ni con Guantánamo. El terrorismo se combate con educación”, dijo Manu antes de cerrar con El Rey… versión punk .

¡RATM! A las 10 p. m., ya eran más de 100.000 almas las que aguardaban a Rage. Desde luego que tanta expectativa provocó que, a esa hora, en el resto de escenarios flaqueara la asistencia: a VNV Nation lo escucharon cuatro gatos, a Infected Mushroom unos 200 y a los Lemonheads digamos que 250.

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Rage Against The Machine.Juan de la Cruz Calivá para LN

Aún así, Evan Dando, líder histórico de Lemonheads, supo verle el lado amable al pegue de sus compañeros de horario. “¿Quiénes son esos?, ¿Rage Against the Miami Sound Machine?”, bromeó el artista antes de entrarle a clásicos de su repertorio como Great Big No, It’s a Shame About Ray y Drug Buddy.

Pero era en el Coachella Stage donde estaban las miradas. Ahí los tres ex-Audioslave aparecieron junto a Zach de la Rocha por primera vez en más de un lustro… el estruendo fue ensordecedor.

Sin mayor introducción y sin mucha paja, Zach rompió su autoexilio musical y volvió a apoderarse de esas canciones que solo a él le quedan bien: Bulls on Parade, People of the Sun, Freedom, Bullet in your Head, Killing in the Name … aquella experiencia fue como regresar por un momento a los tiempos en que MTV sí valía la pena.

“Sigan luchando” fueron las palabras de despedida de Zach, quien hizo la reverencia abrazado de Tom Morello, Brad Wilk y Tim Commerfold, en una imagen que lo dijo todo: Hey Bush…¡Rage está de vuelta!



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