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Martes 1 de mayo, 2007 |
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Imágenes entretejidas Suma. La integración de los lenguajes se dio con calidadMarta Ávila iceagqa@ice.co.cr Tres disciplinas se unieron para dar vida al espectáculo titulado Acechando lo sublime: la danza, la música y el video. Los responsables de esta puesta en escena fueron la bailarina y coreógrafa estadounidense Elsa Limbach, el pianista ucraniano Taras Filenko y el cineasta búlgaro Kamen Bonev. Ellos conforman el Ensamble Palimsest, agrupación que pretende ser un espacio donde convergen artistas independientes para crear producciones interdisciplinarias. Esta es la primera vez que los integrantes de Palimsest se presentan en Costa Rica y lo hicieron con la música del húngaro Franz Liszt (1811-1886), como texto principal. Las piezas para piano de este compositor romántico unificó la propuesta escénica. Acechando lo sublime estuvo constituido por dos partes. La primera sección la integraron siete composiciones cortas, entre las que destacaron la Rapsodia húngara N. 11, así como El sueño de Elsa , de Richard Wagner, transcrito por Liszt e interpretaciones de Taras Filenko sobre partituras de Liszt. La segunda parte del programa fue enmarcada por la virtuosa y emblemática Sonata en B Menor. En Acechando lo sublime las tres artes están en función del concepto de espectáculo total, sin aspirar a ser apoteósico, ni pretencioso, sino austero y con algunas gotas de humor. Fue agradable sentir la fluidez de una escena a otra, cuando los movimientos del cuerpo de la bailarina remitían a las notas o acentos musicales, barnizados todos, por las pantallas llenas de imágenes. De igual modo, disfrutamos las diferentes fuentes desde donde emanaron las réplicas corporales de los protagonistas. Un detalle interesante de la obra fue el segmento donde diversos rincones de San José aparecieron en el escenario captados por el lente de Bonev. Él capturó rostros y acciones de transeúntes, detalles arquitectónicos capitalinos e imágenes de la flora tropical, los cuales se transformaron en telón de fondo. Acechando lo sublime contó con una iluminación adecuada y el diseño del vestuario estuvo acorde con la propuesta que duró casi dos horas. Al evaluar el peso del aporte de cada uno de los participantes disfruté más la calidad de la imaginería visual, ya que en la composición y los encuadres nunca se sintió reiteración o agotamiento del lenguaje, al contrario, Bonev constantemente nos daba ángulos de los personajes (bailarina, pianista y piano) inéditos. Ingenioso, resultó el ingreso de videísta con su cámara en la escena y fascinante fue el tratamiento del desnudo en la Sonata en B Menor. En el ámbito interpretativo Taras Filenko mostró su dominio técnico; virtuoso en la Sonata y lúdico en la primera parte, aspecto que se puede mejorar con un poco más de trabajo corporal del pianista. Por su parte, Elsa Limbach estuvo precisa en su ejecución, mas, le hizo falta mayor expresividad e interiorización de sus movimientos. En la composición coreográfica vimos mucha reiteración en los dibujos espaciales, que en algunos momentos no se fusionaban con la intensidad de los otros dos lenguajes. No obstante, en esta propuesta es evidente la investigación y profesionalismo sobre los cuales se sustenta y muestra un serio camino hacia la integración de las disciplinas artísticas con un agradable resultado.
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