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Martes 26 de junio, 2007 |
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“Yes, I’m a witch” Amor de bruja Yoko Ono , la viuda de John Lennon, editó este año una recopilación de viejas provocaciones: Yes, I’m a witch (Sí, soy una bruja)María Montero mmontero@nacion.com Y es, I’m a witch no es un disco de versiones sobre viejos temas de Yoko Ono, sino un curioso álbum colectivo en torno al repertorio de la multidisciplinar artista japonesa, nacida un 18 de febrero, hace 74 años. Así de simple. Lo demás es evidente. Al cabo de una larga vida que sigue situada en el presente, la viuda de John Lennon decidió recuperar los éxitos de su carrera y ponerlos en manos de los nuevos representantes de la modernidad musical como The Flaming Lips, Cat Power, Antony and the Johnsons, Spiritualized, Peaches, Le Tigre, Hank Schoklee o The apples in stereo. El disco, que salió a principios de este año, viene a sumarse a una larga y polifacética lista de creaciones artísticas, que van desde poemas performativos hasta películas, instalaciones plásticas, intervenciones públicas, libros, álbumes y colecciones de dibujos.
Y nada de inocencias, mucho menos de disimulos: el bautizo del álbum es un dardo autoinflingido: Yoko Ono es la primera en saber que a ella se la culpa hasta del mal clima y, en especial, de la separación de Los Beatles, sucedida en 1970, un año después de su matrimonio con Lennon. “Lo de titularlo Sí, soy una bruja no es casual: las mujeres debemos rescatar esos estereotipos machistas”, declaró la artista al diario español El País . “Es evidente que la resistencia a mi música tenía mucho que ver con el hecho de que viniera firmada por una mujer, y encima asiática. Quiero decir, en el circuito de la vanguardia había artistas masculinos que tenían una expresión más extremista que la mía y se les reconocía su valentía. Para mí, solo había insultos y bromas. Se me culpaba de la separación de Los Beatles y me hicieron pagar algo de lo que no fui responsable”, agregó.
El modus operandi fue el siguiente: un selecto grupo de músicos fue invitado a elegir un tema concreto entre el amplio cancionero de Ono (finalmente, se incluyeron 17); luego se les facilitó la pista vocal y, si así lo deseaban, otros elementos de la canción. Bajo estas condiciones, y el talento de cada cual, se compusieron estas reconstrucciones-remezclas, inevitablemente variadas en cuanto al resultado final, pero inteligentemente hilvanadas por el criterio en la selección de invitados: a todos, desde posiciones estéticas diversas, los define el mismo afán experimentador del que Ono ha hecho gala a lo largo de los (muchos) años, ya fuera en la música o en las artes plásticas, detalle innegable este último al margen de las simpatías o antipatías que el personaje despierte en cada uno de nosotros.
“Elegimos los temas más emblemáticos de mi carrera y se los mostramos a estos grupos jóvenes y ellos fueron quienes decidieron lo que grababan”, aseguró Ono. En unos casos recuperaron la voz del original y en otros la distorsionaron, pero en todos, lo principal era actualizar a la “Reina del punk ”, como ella se refiere a sí misma sin pudores y que le lleva a explicar: “Sí, también soy una bruja, pero es que el tema es que todas las mujeres son brujas y todos los hombres también, porque somos seres mágicos. Sin embargo, a la gente no le suena nada mal la palabra brujo y cuando dices bruja suena terrible. Eso me parece fatal, porque claro que soy una bruja, pero una bruja buena, pero se han dicho tantas cosas de mi que ni siquiera me he molestado en contestarlas”.
Inflamable. La artista, segunda esposa de John Lennon y madre de su segundo hijo, Sean Taro Ono Lennon, no disimuló su entusiasmo ante el reconocimiento por parte de este inquieto sector del pop contemporáneo: “Son artistas del mundo indie que no trabajan para grandes compañías. Si yo empezara ahora, seguramente seguiría su camino: en actitud, me considero una artista indie“, dijo Ono. “Gracias a mi hijo Sean, he podido tratar a esos grupos y admiro su pureza creativa. Muchos de ellos son tan adictos al trabajo como yo”.
“Siempre creí que me adelantaba a mi tiempo, y esto me lo confirma. Para Yes, I’m a witch , la discográfica llamó a muchos grupos y solistas; todos aceptaron. Yo elegí los que me interesaban más y les di máxima libertad: podían tomar cualquier tema mío y recrearlo a su gusto; incluso, podían usar tomas alternativas. La mayoría prescindió de los fondos instrumentales –que eran demasiado rock para el sonido actual– y construyó una instrumentación totalmente nueva alrededor de mi voz”.
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