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Lunes 11 de junio, 2007 |
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¿Futbol o buena música? Dupla: Malpaís y la Orquesta Filarmónica repitieron, el sábado, el éxito del año pasado. Las canciones se sintieron como nuevasAlberto Zúñiga betofono65@gmail.com La verdad es que no tendríamos por qué elegir entre futbol y música. El deporte y el arte tendrían que marchar juntos como disciplinas que potencian virtudes en el ser humano. Sin embargo, la noche del sábado pasado, mientras en la mayoría de los bares y restaurantes las caras estaban lánguidas de frustración por el desempeño de la “Sele” en la Copa de Oro, en las butacas del Teatro Melico Salazar lo que había era cientos de rostros radiantes y triunfadores. La selección de músicos que sobre el escenario entró alineando empezó la jornada y la terminó con una goleada a la mediocridad y al aburrimiento que para muchos será inolvidable. Esa manada de lindos y locos fanáticos que conforman las huestes de seguidores de Malpaís sí que saben disfrutar de las canciones de su grupo y ellos, los músicos, también sí que saben disfrutar a su público. La impresionante complicidad entre público y músicos que este grupo ha desarrollado se multiplicó en una asombrosa erupción de notas musicales con la presencia de la Orquesta Filarmónica. Este nuevo encuentro resultó ser mejor que el primero, el del año pasado, y dejó caliente el terreno con la noticia de una posible grabación en disco compacto para este año. Canciones titulares. Una vez más Fidel Gamboa, director musical del grupo, se lució en el terreno de juego y gambeteó entre sus propios arreglos logrando algunas jugadas olímpicas entre los renglones de las partituras. Así como hay goles memorables, en este concierto también hubo instantes de sutil encanto o de avasallador desbordamiento musical. Una a una fueron brotando del programa las canciones que, como múltiples ecos de un hinchada inclaudicable, eran entonadas por un teatro a reventar. Era algo que ya se sabía. Malpaís vende ilusiones sin falsas poses ni vanas esperanzas. Además que no hace falta; ya están clasificados en el rating de popularidad nacional. Ya se ganaron su propia copa y en este caso lo que brilla sí es oro. No deja de tener su simpática razón el director de la Filarmónica, Maestro Marvin Araya, cuando dijo en su habitual modo coloquial que “estos muchachos, los de Malpaís, no botan bolas”. Tampoco, agrego yo, los de la Orquesta Filarmónica que, y gracias a la magia de Oscar Marín y Memo Gómez, sonaron como nunca. Quedan dos conciertos más: hoy lunes y mañana martes. No hay árbitro ni tarjetas rojas. Ni juego sucio ni las opiniones de jugadores a quienes no les importa de dónde venga el dinero mientras este les llegue a sus bolsillos. En este juego solo hay canciones y buena música. Es un “semerendo” gol a la mediocridad cotidiana. |
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