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Lunes 11 de junio, 2007 |
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Bonito y Cena Marine: Bombazos buenos en cine maloWílliam Venegas wvenegas@nacion.com En cine se puede recrear o reinventar la realidad, pero una película también puede imitar a otras películas. Este es el caso de El marine (2006), filme dirigido por John Bonito, que se toma muy a pecho aquello de ser ahora lo que Rambo fue allá, cuando la guerra en Vietnam. Picasso, Pablo Ruiz Picasso (1881-1973), dijo en alguna ocasión: “¡Ay de los que me imitan, porque de ellos serán mis errores!”, y pareciera que este es el sino de El marine en sus 93 minutos. Esta película se atraganta con lo peor de largometrajes semejantes y malos que la han antecedido. En este caso, un director de apellido bonito, John Bonito, se ha prestado para darle una puesta en escena mediocre a un guión malo y cajonero, donde solo interesa la presencia de un sujeto de la lucha libre en Estados Unidos, como lo es John Cena (otro apellido agraciado) Por supuesto que John Cena no actúa. Él se limita a hacer lo que se le dice: tensar sus músculos mucho más que su rostro abobado, ausente de expresiones. Por lo visto, la oportunidad en cine les está llegando a los titanes del cuadrilátero, quienes se toman sus papeles con tal cuidado que ni arquean las cejas (ver entrevista en Viva , sección El Personaje , en páginas 16 y 17). El marine , la película, no es más que la suma de bombazos con tiroteos, de peleas con más peleas y de tiroteos con bombazos, donde un héroe llamado John Tritón (John Cena) siempre sale tan coqueto como la cucarachita Mandinga, la del cuento, después de cada voladura o balacera. Valga la nota: la palabra “marine” está plenamente castellanizada y se pronuncia tal cual se escribe en español. Señala a soldados de la infantería de marina de Estados Unidos o de Inglaterra, así de exclusivo el concepto. Está claro, los marines son capaces de invadir el diccionario de la Academia de la Lengua Española. Retomando el hilo, desde el principio no más, Tritón libera en Iraq a unos presos que son torturados por árabes (de Guantánamo ni se habla); luego sigue lo de siempre: el héroe enfrentándose a malos muy malos. La cámara está siempre dispuesta para el personaje tritonesco: recuerden que Tritón es el dios marino, hijo de Neptuno y de Anfitrite. Por eso hay abundancia de ralentíes (cámara lenta), picados y contrapicados. La cámara parece un dechado de piropos. La verdad es que la cinta camina de tal manera, entre lo malo y lo cursi, entre lo violento y lo tierno, que da lástima la pobre película. Hasta apego siente uno, como el que ustedes registran por los críticos de cine cuando nos ponemos majaderos. Sin ton ni son, el filme es pirotécnico: ahí todo vuela en pedazos y llamas. La música le estalla a uno en los oídos, por culpa de la presencia sonora de Rob Zombie, hard rock, heavy metal e industrial, fundador y vocalista principal de la banda White Zombie. En todo caso, puede ser vacilón ir a ver filmes así de malos: también enseñan a reconocer el otro cine, el bueno; el problema es que haya que pagar para esto.
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