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Lunes 30 de julio, 2007 |
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Dos versiones Sisters in Jazz. Conciertos para no olvidarAlberto Zúñiga betofono65@gmail.com Sucedió cuarenta y pico años después de haber empezado a escuchar y amar el jazz . La dimensión real de la experiencia delineó su contorno a partir del momento en que las cinco mujeres nos ofrecieron los primeros acordes juntas. ¡Un quinteto de jazz integrado por mujeres!. La primera vez que, en mi vida junto al jazz , escuchaba un grupo exclusivamente femenino con la intención de hacer buen jazz . Hoy, días después de este primer encuentro, hasta me resulta un tanto absurda la sola insinuación de asombro al respecto, sin embargo, hay que reconocer que ciertamente no es usual ver y escuchar a un grupo así, mucho menos en nuestro país donde la cultura del jazz siempre ha sido errática en su comportar. Mujeres en el jazz siempre han existido y desde su propia génesis. En las primeras décadas de formación del género no era extraño verlas, al frente del piano, en los pequeños grupos y para rendir un efectivo tributo a su memoria menciono a Mary Lou Willliams fallecida en 1981. En el jazz vocal las referencias son mayores, pero aquí estamos hablando de historia del jazz instrumental. Es en esa dirección, la histórica, que el proyecto Sisters in Jazz ha aportado invaluable experiencia al desarrollo del jazz contemporáneo pues facilita la expresión femenina en un género del que nunca han sido ajenas aunque si percibidas colateralmente, hasta pocas décadas atrás. Me alegra haber asistido a dos de las presentaciones del ensamble Sister in Jazz dentro del marco del Costa Rica International Jazz Festival. Lo que escuché fueron dos conciertos muy diferentes interpretados por un mismo grupo en actitud extrema ambas noches. En la primera reinó un nerviosismo hiriente que condujo a una expresión grupal intrascendente, carente de unidad emocional, de una abundante y coercitiva íntima timidez y una evidente incapacidad de controlar ese estado de las cosas. El segundo concierto fue otra historia y simplemente nos dejó perplejos, a mí y a mis acompañantes, todos estudiosos del jazz . Este quinteto de jóvenes mujeres, sin duda alguna, estaba poseído por el espíritu inmortal del género que promueve, por encima de todas las leyes, la expresión libre e individual desde el seno de la colectividad. El jazz es mágico y estas chicas así me lo reconfirmaron. El jazz transforma y redime a la vez. La lectura de ambos conciertos es tan extrema que me resulta tan fácil escribir que el primero de ellos fue un mal concierto y el segundo una obra de arte respecto al jazz modal. Las muchachas de Sisters in Jazz, además de ser elegidas por su talento en el instrumento, son compositoras y arreglistas lo que brinda al evento un valor absoluto. Las piezas mostradas dan cuenta de un cabal conocimiento de las reglas de composición y, sobre todo, del dominio de la expresividad del género. En la literatura del jazz empiezan a surgir las obras de ellas, las mujeres, que con su visión del mundo y la vida aportan todo lo demás que al género le hacía falta para ser la música perfecta.
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