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Miércoles 25 de julio, 2007


Notas Espectáculos:

Foto Principal: 0

Ben Westbrok(izq.) representó al príncipe Tamino y Matthew Neuman (der.) al sencillo pajarero Papageno. Carlos León.
Ópera:

Una flauta mágica y tecnológica

Innovación: La Flauta Mágica , del Buttler Opera Center, usó recursos no comunes en las presentaciones tradicionales

Pablo Fonseca Q.
pfonseca@nacion.com

Aunque tuvo sus altibajos, La flauta mágica , presentada por el Butler Opera Center, es una buena muestra de cómo se puede combinar la necesidad de “hacer tablas” de jóvenes cantantes junto con el deseo del público de ver y oír ópera.

En el Auditorio Nacional (Museo de los Niños) se presenta desde el sábado pasado una obra con un aspecto un tanto moderno gracias a la utilización de un sistema de video que prescinde de prácticamente toda escenografía y un sistema de audio que permite proyectar voces en escena, aunque los cantantes no estén presentes.

Lo que se mantiene inmutable es la historia original, su ambiente y (en buena parte) el vestuario.

En inglés. Una de las sorpresas no anunciadas hasta el momento de leer el programa es que la ópera está cantada en inglés. La traducción pertenece a Ross Harper, un director escénico con traducciones de varias obras.

La flauta mágica original, como es sabido, fue compuesta por Mozart con un libreto en alemán de Emmanuel Schikaneder. Su estreno el 30 de setiembre de 1791 fue un éxito vivido por Mozart a pocas semanas de su muerte.

Las traducciones de este tipo de obras nunca son perfectas. No solamente sucede que la rima y el verso pueden no calzar con el original, sino que, cuando lo hacen, es probable que el traductor se diera licencia de cambiar la poesía original.

En cuanto al fondo, por ejemplo, tanto el inglés como el español de la traducción presentada suavizan los comentarios machistas y racistas (según nuestra visión contemporánea) que justifican parte del argumento de la obra.

En cuanto a la forma, existen secciones en donde se hacen pausas donde no existen, debido a que las nuevas sílabas del inglés ya no calzan con la música.

Buen canto. Sin duda, la versión en inglés facilita el trabajo de los cantantes norteamericanos, sin quitar méritos propios a Matthew Neumann, quien en su papel de Papageno logró una vocalización clara y entonación adecuada. Con su capacidad histriónica, se ganó uno de los aplausos más calurosos tras la función del sábado.

Ben Westbrok interpretó a Tamino. Cumplió en su papel de cantante pero pareció seco en la escena. Pamina fue interpretada por Julie-Anne Hamula. Su dueto junto a Papageno en el primer acto fue uno de los mejores momentos.

Juliann Albaugh fue la Reina de la Noche. Daniel Salls hizo de Monostatos. A pesar de su pequeña intervención, la Papagena de Katie Polit dejó buena impresión por la calidez de su voz. Sarastro fue interpretado por el joven barítono Daymond Passmore.

Sonido y escenario. El manejo del sonido afectó, entre otros, a la orquesta. Un cuarteto de cuerdas trabajó junto a dos sintetizadores que hacían las veces de vientos y percusión. Probablemente para mezclar el sonido de ambos equipos, las cuerdas también fueron amplificadas en el sistema de audio. El resultado fue un sonido que en ocasiones no expresaba la vivacidad casi obligada de las cuerdas, como sucedió, por ejemplo, en el dúo de los hombres armados.

El escenario digital, aunque original, se terminó convirtiendo en una cortina con motivos muy sencillos para lo que el espectador promedio (no de ópera, de artes visuales en general) ya está acostumbrado a ver. El recurso hubiese sido mejor aprovechado si se hubiesen llevado a la escena virtual los difíciles decorados que las instrucciones originales de los autores indican, como por ejemplo tener dos montañas, una con una cascada y otra que arroje fuego, por donde pasen Tamino y Pamina en la prueba final.

En resumen, fue un buen ejemplo de cómo se podrían realizar más producciones en este país con un presupuesto modesto. Las restantes funciones de La flauta mágica serán mañana y el sábado 28, a las 7 p. m. en el Auditorio Nacional. Las entradas cuestan ¢10.000.



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