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Lunes 16 de julio, 2007 |
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Danza del amor Misticismo: El romance en su esenciaWílliam Venegas wvenegas@nacion.com Los amores imposibles son vertiente sentimental inagotable. Desde siempre, pero los románticos se dieron gusto con el tema, hasta los románticos con atraso cronológico, como Gustavo Adolfo Bécquer. Los sentimientos y las emociones son contundentes. Igual sucede con el cine cuando asume este tema, por lo menos cuando lo asume bien, tal el caso del filme titulado Banaras: Una historia de amor místico . Se trata de un largometraje reciente (2006), de la India, dirigido por Pankaj Parashar y que llega a la Sala Garbo. La cinematografía de la India nos resulta bastante ajena, ya lo sabemos, pero esta cinta tiene ingredientes para mostrar los valores de una cultura donde la música y el colorido son el trasfondo de una relación amorosa condenada a la tragedia. Es la historia de la bella Shwetambari (encarnada con preciosismo por la actriz Urmila Matondkar). Es la historia de ella y de su amor por su maestro de música, lo que la lleva al abandono del estudio de la físico-matemática. El músico se llama Goham, quien le corresponde a Shweta, como la llaman de manera apocopada y familiar. Hay que decir que el actor Ashmit Patel no pasa de asumir la estampa de tipo guapo (que lo es), como si en lugar de estar en una película estuviera ante una sesión de fotos para una revista occidental de mujeres. Su mala actuación boicotea algunas secuencias románticas del filme, pero su grato físico no. Lo cierto es que el filme transita por carriles peligrosos, consciente de los riesgos. Uno: lleva su relato sentimental al borde de sus propias posibilidades, pero sin caer en el culebrón, o sea, sin el desbordamiento cursi de lo sentimental. Dos: sugiere la tragedia para darle énfasis al drama, sin deslizarse hacia el tipo de desdicha operática, pero sin alcanzar las nobles condiciones del acento shakesperiano. Tres: ofrece el colorido de una cultura igualmente colorida, con el cuidado de que esto nunca interfiera en la atmósfera del drama. Cuatro: igual hace con la música, quien subraya las notas del relato, ayuda a la definición de caracteres y enlaza con la narración por medio de imágenes en retrospectiva, para refrescarnos el argumento y dar indicios de nuevas situaciones. Es lo mejor. Lo cierto es que la puesta tiene vitalidad propia, frescura estética y es seductora ante el espectador. Allí se muestra el choque de mundos, lo subjetivo y lo objetivo, porque los dos jóvenes amantes no consuman su romance debido a que son de clases sociales muy diferentes. Por eso, en la trama del filme, el misticismo es la evasión ante lo imposible. El amor pasa a ser místico y pasa por la muerte. Estamos ante una cinta con otra modulación, gustosa ante sí y gustosa para el espectador. Película equilibrada de actitud sinérgica: la suma de los elementos está por encima de cada uno de ellos. La recomendamos. La van a disfrutar.
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