Visto y oído.
De como todos somos uno Ana María Parra.Periodista
Gallo pinto. Los del campo, los que cuidan las naves ajenas; los que como a Caribe suenan, los que se sienten mejor con las rancheras; los que prefieren irse por las vías de lo urbano... todos vamos en el mismo tren.
El Malpaís en el Circo lleva a la reflexión. Concierto y contenido; el montaje de Malpaís y Luzart fue una forma de decir, ¿sin quererlo quizás?, que las culturas convergen, inevitablemente , porque así es el ser humano: tiene un llamado a la mezcla. El “chivo” dejó clarito, por el arte callejero y circense, que la calle tiene vida propia... es que por la calle vamos todos... o al menos la mayoría. Aquella fusión de artes circenses de visto popular –sí, esas que están lejos de ser un Circo del Sol– calzaron al pelo para un sonido al que todo el mundo creía demasiado serio. Malabaristas, artistas de la expresión corporal, manipuladores de fuego, payasos y hasta animales amaestrados tienen mucho que ver con Nicoya –o cualquier otro campo–, con Etelvina Guido –o cualquier otra chola–, con una Muchacha a la que le hacen el amor bajo la Luna –aquí o en la Conchinchina–. Todo orgánicamente calzaba y las artes del circo hicieron que músicos de mucho millaje, premios y años de edad se sintieran cómodos como para sacar sus sonrisas y reírse de ellos mismos. ¡Valientes, valientes!
Pero los renglones más finos los escribió el actor César Meléndez. Porque entre broma y broma la verdad se asoma. Con sus personajes hilando lotes de canciones apuntaló: este es un país de fusiones, puso claro por dónde se va creando la identidad cultural: ¿será por reggaetoneros como su Efex? ¿Por las canciones mexicanas que defendía su charro Alex Sandro Fernández? Encarnando a El-Razta Parid no dejó que los ahí presentes olvidaran que en esta tierra hay sangre negra. Y desde su identidad de Jose (así sin tilde) Amtoñio (sic) puso el dedo en la llaga: “está bien que venga música de afuera, toda está muy bonita, pero no olvidemos las cosas nuestras”, lo dijo paradillo con sus buenas botas de hule, su chonete y machete colgando de la cintura. La risa tiene su lado serio.
|