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Miércoles 21 de febrero, 2007 |
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Gastón Fournier en La Scala de Milán El costarricense, que asumirá el puesto de coordinador artístico del teatro de ópera más importante del mundo, tratará, a través de su trabajo, de modernizar la programación de la emblemática institución. ¿Su fin? Atraer al público joven.Marcela Quirós U. mquiros@nacion.com El viernes anterior el musicólogo costarricense Gastón Fournier firmó el contrato que lo liga a La Scala de Milán, el teatro de ópera más importante del mundo ( nota aparte). No hubo concurso, no hubo terna, sencillamente Stéphane Lissner, actual supervisor y director artístico de La Scala, lo llamó “por clara fama” para ofrecerle el importante cargo. A partir del 1 de junio próximo Fournier, quien ha realizado una importante carrera profesional en Italia, trabajará al lado de dos reconocidos nombres en el mundo de la música formal: Lissner y Daniel Barenboim, el famoso director de orquesta argentino–israelí, quien ahora también labora como director musical de La Scala. “La responsabilidad que implica este nombramiento es inmensa”, reconoció Fournier desde Italia. “Es una nueva aventura en mi carrera profesional, un verdadero desafío porque La Scala es el teatro de ópera más importante del mundo. Es tan famoso que cada espectáculo está siempre agotado y teniendo el presupuesto más rico de toda la Italia musical ($100 millones al año) ofrece grandes recursos a los importantísimos directores teatrales, escenógrafos y diseñadores de vestuario; de manera que las producciones líricas que aquí se pueden presentar representan un punto de referencia para todos los otros teatros de ópera del resto del mundo”, comentó. Las nuevas responsabilidades de Gastón Fournier serán coordinar la producción artística del teatro: 250 espectáculos al año de ópera, ballet y conciertos sinfónicos. De su decisión dependerá cuales directores y cantantes protagonizarán las diferentes temporadas; además, controlará los contratos de los artistas, discutirá el repertorio de todas las temporadas y elaborará los presupuestos artísticos, entre muchas otras responsabilidades. “Los planes comprenden ya proyectos para la temporada ¡2012-2013!...”, asegura. Aporte. Aunque faltan cuatro meses para que Gastón Fournier ocupe su oficina en el teatro La Scala, él ya tiene muy claro cuál será su aporte a la emblemática institución musical europea y lo adelantó, desde Italia, en una conversación telefónica con Viva . Antes de firmar su contrato, usted conversó en varias oportunidades con Stéphane Lissner sobre su eventual aporte a La Scala de Milán. ¿Cuál será ? Pienso que puedo ayudar renovando la programación, modernizándola. La Scala es un punto de referencia; es, por excelencia, el Templo de la Lírica, pero por muchos años ha sido como un museo. La intención es traer aire fresco, ponerla en contacto con lo nuevo que se está haciendo, colocarla a la altura de los nuevo tiempos. “He viajado mucho así que puedo traer nuevos directores teatrales y nuevo estilos de hacer ópera. A pesar de que La Scala no tiene problemas para vender entradas porque sus funciones siempre están agotadas, hay una responsabilidad con el público del mañana. “En el mundo de la música clásica hay una crisis mundial, se está reduciendo y si los que trabajamos en esto no hacemos algo, va a morir. El impacto de Internet, el video y la influencia de la música rock –con la cual no estoy en desacuerdo– ha ido opacando a la música clásica. Esto, junto al hecho de que en el siglo XX se desarrollaron una serie de costumbres que formalizaron los conciertos de música clásica –como el uso del frac y el hecho de que haya un momento preciso en el cuál aplaudir en un concierto y no cuando la gente lo desee– han hecho que muchos jóvenes se alejen de la música clásica. Yo estoy muy interesado en el mundo de los jóvenes y quisiera que La Scala trabajara no solo para los grandes industriales, banqueros y abogados, sino también para los jóvenes. A propósito de la formalidad, un nuevo reglamento estipula que no se puede entrar a La Scala sin vestir saco y corbata... Eso no es verdad, fue una mala interpretación de los medios, que dijeron que no se iba a poder entrar sin saco y corbata. Lo que pasa es que en la parte de atrás de la entrada al teatro dice que hay que venir vestido de modo coherente con la música que van a apreciar. Pero Lissner no prohibe el ingreso a personas que no vistan de traje y corbata, y si fuera así, trataría de convencerlo de lo contrario. ¿Tiene algún proyecto concreto en mente? En Inglaterra y en Alemania se ha ido desarrollando una tendencia que es ambientar las óperas de Mozart (del siglo 18) en nuestros días. Tal y como se hizo con el filme Romeo+Julieta , un proyecto que fue una locura entre los jóvenes porque se veían tal y como son hoy en día mientras oían los maravillosos versos de Shakespeare. Lissner y yo estamos interesados en algún tipo de experimento que nos permita transportar las grandes óperas a nuestro tiempo. “Otro proyecto que voy a proponer son los festivales temáticos en Milán, me interesa arrastrar a toda la ciudad alrededor de un tema. Por ejemplo, si el tema es la mitología griega, quisiera presentar óperas, teatro de prosa y que el cine que se presente en la ciudad hable sobre eso. Como soy historiador, me interesa esta “contaminación” entre la pintura, la literatura y el cine. Modernizar la programación de La Scala podría generar reacciones de varios tipos.... Es una cuestión de equilibrio, no pretendemos hacer una revolución. Lo que yo quisiera es que en La Scala haya muchas líneas paralelas. Me interesa que se convierta en una vitrina de lo que ofrece hoy el teatro en Italia. “La Scala vive del aura del templo de la música del ópera. Hay que tener una parte de templo y una parte de novedad, es una cuestión de equilibrio”. ¿Con tantos proyectos a futuro, cómo definiría la línea artística de La Scala? Tradición, renovación y tratar de hacer mas creíbles los espectáculos que presente.
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