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Domingo 18 de febrero, 2007 |
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Ale encantó y prendió al Puerto En medio de un Sol sofocante , gritos y mucha cerveza, Alejandra Guzmán terminó de cocinar el ambiente carnavalescoAlexander Sánchez asanchez@nacion.com Un Sol abrasador, responsable del sudor y de muchas pieles a punto de asarse, no fue, ni por una pizca, inconveniente para dejar de esperar con ansias el concierto internacional que estaba por comenzar. A las 12 mediodía... ¡que calor!, pero al mismo tiempo, ¡que fiestón! Tanta era la fiebre musical que, aunque parezca irónico, el mar de gente que inundó ayer el Puerto solo aguardaba una cosa: en lugar de un poco de agua que les refrescara, se desvivían por sentir la prometida chispa mexicana que pusiera las cosas a arder aún más. El concierto que protagonizó la mexicana Alejandra Guzmán en el Paseo de los Turistas, en Puntarenas, frente a miles de personas sedientas de sed y diversión, fue el abrir de bocas de una hecatombe “fiestera” que culminó con mucho sabor en el tradicional desfile del carnaval. Ale puso la pólvora, supo encender la mecha, y la gente se dejó quemar al ritmo de sus conocidas y pegajosas canciones. Se prendió. Un grito “ronquete”, un saludo casi ensordecedo, retumbó en los parlantes. “ ¡Hola ticos!” Ahí estaba, claro, no podía ser otra, era Alejandra Guzmán, la inigualable, la polémica, la reina de corazones. Los espectadores respondieron con un grito de bienvenida para su reina, mientras se dejaban gobernar por la música y el desenfado. Era la 1:15 p. m cuando se inició todo. Antes de eso, Jhonnyman había calentado los ánimos con su roots , pero había ansias para ver a la protagonista de la tarde. Con una falda muy corta color azul y enseñando un torneado cuerpo bronceado y muy bien trabajado, llegó la roquera a poner la temperatura a mil. Sin preámbulo alguno inició el recorrido musical de sus éxitos, empezando por el tema Diablo , desatando la euforia porteña. Los “diablillos” más escondidos comenzaron a salir. En definitiva, esto apenas calentaba. Con química pura con el público, inyectando fuerza, retando a la gente y sin perder la oportunidad para sacar a relucir algún comentario medio picante... así se comportó la mexicana, genio y figura hasta la sepultura. El tema Ven fue aprovechado por la Guzmán para hacer una de las cosas que mejor sabe hacer: el escenario hirvió con sus movimientos y sus nada disimulados esfuerzos por enseñar algo más. El público, sin respiración, apoyó la actitud de la cantante. Mírala, míral o fue una petición expresa del público. Hasta en eso fue complaciente la Guzmán. El repertorio fue variando, tal cual “rocola”, según el gusto de la gente. Con la canción Toda la mitad la cantante dejó, muy despreocupada, que varias personas del público tocaran su cuerpo, lo que algunos aprovecharon para acariciar todo lo posible y “algo más”. Arrebatada. Se vino una pausa, Alejandra se escondió, no estaba en el escenario. En cuestión de cinco minutos volvió con nuevo vestuario: un curioso vestido dorado estilo bailarina que sorprendió a todos. ¿Qué pretendía Alejandra? Ni idea, al fin y al cabo con la Guzmán esas preguntas sobran, ella siempre es una caja de sorpresas. Ella misma lo dijo: “¡me vale madre que hablen mal de mí y del rock and roll! , si hablan es por algo, al fin y al cabo hierba mala nunca muere”, e inició el desfachatado e intenso tema Mala hierba, que sirvió para que el público cantara a todo pulmón, alentado por una fresca brisa y un sol que bajó su intensidad conformé avanzó el concierto. Para ir cerrando la intensa tarde, la atrevida intérprete se lució con Reina de corazones y el éxito Hacer el amor con otro . La bomba roquera estaba a punto de explotar y no paró de reconocer el buen ambiente. En su cara se reflejaba satisfacción y una fuerza muy particular que los años no han opacado en ella. “¡Los quiero chido !” dijo la reina, con un grito estruendoso y con todas sus fuerzas. Era la despedida, se terminó el “chivo”. Sin duda, la Ale encantó y el Puerto fue suyo.
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