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 NYTSyn para La Nación.
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Robin Williams: hombre de espíritu luchador Este actor reconoce que ha pasado por etapas muy buenas, pero para él los momentos malos son los que lo han hecho crecer como ser humano y le ha permitido valorar lo más valioso que tiene, y eso es su familia
Cindy Pearlman
Hollywood Watch. The New York Times Syndicate.
“Yo entré a rehabilitación el mismo día que Mel Gibson fue arrestado en la carretera ... eso me permitió cierto anonimato”, dijo Robin Williams. “Dios sí tiene sentido del humor. Claro, Mel fue detenido por el único patrullero de caminos judío”.
Incluso su reciente paso por rehabilitación proporciona material para el rápido y gracioso monólogo de este comediante de 55 años durante la entrevista en un hotel de Los Ángeles. El actor está concluyendo un año de altas y bajas, siendo el punto más bajo cuando empezó el tratamiento por abuso de alcohol. Y uno de los altos fueron sus exitosas cintas Happy Feet y Night at the Museum.
“Honestamente, me siento muy bien. Estoy sobrio y estoy bien. Estoy muy agradecido con mis admiradores, que me escribieron las cartas más bonitas del mundo para que me recuperara. Estoy en deuda con ellos”, comentó el actor.
Una ventaja de sus recientes problemas, dijo Williams, es que de ellos resurgió con una actitud más relajada hacia la vida y su carrera. Es por eso que, por ejemplo, este notable robacámaras asegura que para él está perfectamente bien ser el segundo violín de Ben Stiller en Night at the Museum.
“Ahora puedo hacer papeles más pequeños, como en Night at the Museum. Soy el tercero en importancia, pero es divertido, pues no hay que estar ahí cinco meses, como hizo Ben Stiller, pues él aparece en todas las escenas”, aseguró.
Parte del atractivo de la película, agregó, es que está ambientada en el Museo de Historia Natural de Nueva York, con una gran diferencia con respecto de la vida real: de noche cobran vida las exhibiciones, entre ellas la figura de cera del presidente Theodore Roosevelt, interpretado por Williams.
“Desde que era un chico e iba a la escuela Juilliard de Manhattan, iba a ese museo”, explicó Williams. “La idea de que el lugar cobre vida es perfecta para una película. He estado en ese lugar muchas veces y literalmente podemos imaginar que las figuras cobrarían vida si las miramos muy fijamente”.
Happy Feet, que ha recaudado la impresionante cifra de 121 millones de dólares en sus primeras tres semanas, fue la gloria para Williams, que ha tenido una lucrativa segunda carrera como artista de voz desde que redefinió ese concepto en Aladdin (1992). En Happy Feet él desempeña dos papeles: el macho Ramón y el baladista Lovelace, ambos pingüinos.
“La idea del trabajo con la voz es muy divertida para mí, en especial cuando existe la posibilidad de hacer dos voces. Pude hacer una voz que era la del machismo, y después la de un personaje como Barry White. Para mí eso fue un regalo”, dijo.
A Williams, que es un ambientalista confirmado, le agradó que Happy Feet tuviera un mensaje favorable para la ecología.
“Lo único que no está en la película y que realmente está sucediendo es que la Antártida se está derritiendo. Tanto el Polo Norte como el Sur se están convirtiendo literalmente en albercas. Hay grandes áreas que ya no existen. Se están derritiendo áreas del tamaño de Nueva Zelanda y Nueva Hampshire. Dentro de 10 o 15 nos vamos a dar cuenta realmente”, afirmó.
Los admiradores de su filosa comedia en vivo se quejan de que, después de haber estelarizado cintas negras y sardónicas, como Good Morning, Vietnam (1987), The Fisher King (1991) y The Birdcage (1996), Williams se dirija cada vez más hacia las cintas familiares. Pero el comediante, padre de Zachary, de 24 años, de Zelda, de 17 años, y de Cody, de 14, no se disculpa por ello.
“Es muy bonito que una familia pueda ir junta a ver una película. Vivimos en una época en que la familia se comunica con mensajes de texto, aunque esté en la misma habitación, lo que para mí es hilarante. Incluso mis hijos dicen que necesitan cierta calma”.
La carrera de Williams ha sido una de las más brillantes de Hollywood. Hijo único, él creció en Chicago y California, después estudió Ciencias Políticas y luego estudió actuación en la escuela Juilliard. En 1974 fue seleccionado para interpretar al bobo extraterrestre Mork en la serie televisiva Happy Days,de la que salió su propia serie, Mork and Mindy (1978-1982) y después vinieron más comedias y también dramas. Ganó un Oscar al mejor actor de reparto por su interpretación de un amoroso consejero en Good Will Hunting (1997).
Sin embargo, ahora dice que la familia le importa más que el lugar que pueda tener en la cadena alimentaria de Hollywood.
“¿Tengo que preocuparme por perder ante Brad Pitt?.. Solo por Angelina. Pero ella tiene un tatuaje que dice Robin junto a otro que dice Billy Bob.Y además tiene otro que dice: Aquí va tu nombre. Ups ... no quise decir eso”, exclamó Williams, que nunca ha temido decir nada.
Como corresponde a un exestudiante de Ciencias Políticas que ahora interpreta a un presidente vuelto a la vida, los pensamientos de Williams suelen desviarse hacia temas políticos, sin dejarse intimidar por el fracaso en taquilla de su comedia Man of the Year, en la que interpreta a un comediante convertido en candidato presidencial.
“Como cómico, yo veo los absurdos, pero lo triste es que, si vemos un día determinado, es difícil superar en la comedia lo que sucede en el mundo”, afirmó.
Sus convicciones políticas por lo general son liberales, pero Williams no vacila en apoyar a un político del que piense que tiene buenas ideas, por ejemplo, el gobernador de California Arnold Schwarzenegger.
“Soy demócrata, sí, pero Arnold está haciendo bien las cosas en California y ahora muchos republicanos dicen que los está traicionando. El es un republicano moderado, pero para algunos, es como ser un técnico de servicio menonita”, dijo.
“El cambio no es popular, Somos animales de costumbres .... yo voto por alguien de cualquier partido que quiera hacer cambios, pues todo el sistema está mal. La política la manejan los intereses creados”, continuó diciendo el actor.
Williams no tiene aspiraciones políticas, aunque dice que tiene un excelente lema para una campaña presidencial: “¿Por qué no? Pruébenme. ¿Qué otra cosa podría ser tan mala?”, contó.
¿Quién sería su compañero de campaña?
“Bueno, Martha Stewart estaría bien como compañera. Ella tendría un lugar interesante para vivir. Y ya pagó su condena. Podría escribir Cómo vivir realmente viviendo en la Casa Blanca”, bromeó.
“El escrutinio al que son sometidos los candidatos impide que los estadounidenses tengan los mejores dirigentes”, afirmó Williams.
“He visto a gente extraordinaria, como Mario Cuomo, que no quiere seguir adelante. La gente quiere muestras de sangre, de orina y de semen para que alguien sea candidato. Eso espanta a cualquiera cuya vida no rechine de limpio, pues entonces no puede ser presidente”, argumentó.
"Si aplicaran las mismas normas a otros, entonces nunca habría habido presidentes”, aseguró.
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