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Lunes 27 de agosto, 2007 |
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Hubo Limón y sal ... solo faltó la gente Los motivos no están claros. pero la convocatoria de Julieta Venegas se quedó corta. Lástima, porque su actuación valió la penaVíctor Fernández G. vfernandez@nacion.com ¿Fue la lluvia, Bailando por un sueño o falta de divulgación? Establecer la causa exacta está difícil pero, de todos modos, eso ya no importa. Lo cierto es que pocos, poquitos fueron los que se apuntaron para ver a Julieta Venegas. La noche del sábado, las caras de los revendedores que acechaban afuera del Palacio de los Deportes lo decían todo: el concierto de la mexicana estaba lejos del llenazo. “Compita, le doy una para ir abajo a menos de lo que cuesta en boletería”, regateaba desesperado uno de los revendedores con tal de no perder con su fallida especulación.
Y es que, aunque pintaba para lo contrario, el recital de Julieta se quedó corto en poder de convocatoria. No es que fue una pelazón, pues las graderías sí se poblaron, aunque sin el nalga-con-nalga propio de otros “chivos” presentados ahí. Donde sí se notó la poca afluencia fue en la cancha (¢20.000 costaba estar ahí). En ese espacio sobraba campo como para armar una mejenga sin estorbarle a nadie. Entre los presentes el asunto fue tema de conversación, dado que extrañó que una artista tan popular y comercial como Venegas consiguiera un aforo tan limitado. Algunos dijeron que el concierto no fue muy promocionado, algo raro para una actividad que contó con dos semanas adicionales para hacer bulla, luego del traslado de fechas que sufrió a inicios de mes.
La música. La productora Seven & Seven se lució en puntualidad y ya a las 8 p. m. Villegas empezaba a telonear. El power trío de Bernal Villegas sacó la tarea y, aunque los asistentes no conocían su música, obtuvo aplausos en cada intervención. Obvio que la ovación le llegó con Dime qué puedo hacer sin ti , el clásico que Bernal escribió antes de que naciera buena parte del público que lo coreó la noche sabatina. Sin ningún atraso, a las 8:50 p. m. empezó la faena de Julieta: menudita y con apariencia de muñeca (no Barbie), la cantautora y su banda de cinco músicos soltaron Canciones de amor . Lejos de asustarla, la poca asistencia le dio ánimos a la mexicana, quien intercaló explicaciones entre sus piezas. Julieta es la simpaticura andando y se le perdona que no se enterara que estaba en Heredia y no en San José. Algo está cambiando ; No seré ; Mala memoria (bien roqueada); Oleada , y Limón y sal fueron las primeras piezas de un repertorio que fue coreado casi en su totalidad. El Palacio no estaba lleno pero se oía.
El montaje fue muy sobrio y mención especial merece el uso de las pantallas, en las que se proyectaron vídeos especialmente creados para cada pieza. Soberbio. La cantautora obsequió a sus seguidores de siempre (esos que saben que empezó con Tijuana No y no con el disco Sí ) al interpretar Amores perros (Me van a matar) , su aporte a la laureada banda sonora de la película homónima. Acordeón en mano, Julieta recordó al tango en De qué me sirve ; desencadenó un coro con Lento y Tu eres para mí , y alabó a los Tigres del Norte con La jaula de oro . El cierre fue de lujo: A donde sea , el clasicazo De mis pasos –primer tema que Julieta pegó, allá por 1997– , y la esperadísima Me voy . A gritos, el público exigió más y Venegas no se hizo de rogar: volvió con Primer día (sin rap , por dicha); su tributo a Andrés Calamaro, Sin documentos , y la infaltable Andar conmigo . Así terminó una noche de mucha música para poca gente.
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