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Lunes 16 de abril, 2007 |
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Sin miedo a volar Una confabulación de técnicas y sonidosAlberto Zúñiga betofono65@gmail.com Desde el primer día en que conocí a Camilo Poltronieri entendí su pasión por la música y sus irrefrenables deseos por descubrir sus secretos a través de la guitarra eléctrica. Para suerte de Camilo, en esto no está solo y está rodeado de otros que, como él, exploran el universo de los sonidos en las cuerdas electrificadas de sus instrumentos. La guitarra eléctrica tiene, en estos momentos, una impresionante muestra de estilos y técnicas como nunca antes se había sentido en nuestra escena musical. Es el instrumento a través del cual se han abordado algunos de los proyectos musicales más ambiciosos y notables por su originalidad. Los nombres de Federico Miranda, Santos & Zurdo, Marcos Chinchilla, Aarón Retana, Ari Lotringer, Carlos Delgado, Américo Villatoro, Roberto Antillón, Fernando Ulibarri y Manrique Guido, entre otros, gozan de un gran respeto en el gremio musical y la aparición de jóvenes y nuevos talentos como es el caso de José Antonio Calvo, a quien el país pronto empezará a apreciar, consolidan la primacía del instrumento como el de mayores aportes en la producción de vanguardia musical. Ahora le toca el turno a Camilo con el proyecto Náhual Trío y en el que es acompañado por Walter Briceño en el bajo y las programaciones y por el joven baterista Ale Fernández, quien por cierto sale esta semana a estudiar a la Florida International University. La noche del pasado jueves, este trío sorprendió a una abundante concurrencia con su propuesta y, como en pocas ocasiones lo he percibido, el público advirtió el nacimiento de una nueva e ingeniosa tendencia en el ya gran catálogo nacional de música original. En una entrevista que le escuché a un compositor de música electrónica y fusión, él advertía que no se atrevía a ponerle nombre a su estilo y que dejaba eso a los críticos y cronistas de la escena musical.Es el caso en el repertorio de Náhual Trío. Para ellos es simplemente música pero, cuando llegaron los momentos de comentar con otros asistentes, las referencias y nomenclaturas empezaron a aflorar. La producción de Náhual se inyecta y nutre en el concepto progresivo y experimental. Aunque en el formato estén presentes secuencias programadas con antelación, el peso lo llevan los instrumentos. La guitarra de Camilo, en sus manos, tiene un comportamiento alucinante, mezcla de metal, funky y jazz rock . Es sobria y atinada en sus tramos principales. Es comedida y puntual en los momentos de apoyo armónico. El bajo de Walter soporta el terraplén sonoro de su propio repertorio y acude, sin necesidad de ser un virtuoso, a momentos de notable musicalidad. La batería de Ale es de lo mejor que hemos escuchado recientemente. Ojalá que puedan encontrar un buen sustituto, por la sencilla razón de que la música de Náhual tiene que ser escuchada por muchos en este país. Los aportes de Felipe Fournier en el vibráfono y Diego Solano en la trompeta condujeron la sesión hacia cumbres cercanas al paroxismo. No así la participación de MacKensie Margas en la parte vocal y Teresa en la flauta. Creo que hay que trabajar más con ellas para que estén al nivel del resto de la propuesta. Larga vida a Náhual Trío. El país y el mundo los necesita. Así de sencillo.
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