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Lunes 16 de abril, 2007

Notas Espectáculos:

Foto Principal: 1565562

Fotos: Priscilla Mora/ Lugar: Antigua Aduana.
Entrevista/cine:

Estefano Argüellez Ojos ticos detrás de la pantalla

La ardua lucha y las experiencias de un actor hispano, tras cumplir 45 años en Hollywood

Rodrigo Calvo C.
rcalvo@nacion.com

Adentrarse, en Estados Unidos, en el sofisticado mundo de la industria cinematográfica en Hollywood no es una tarea fácil. Pero Estefano Argüellez Marenco, un polifacético actor hispano, lo hizo posible a partir de las décadas de los 60 y 70, cuando se propuso cumplir el anhelo de aparecer en las pantallas grandes de ese país.

Nacido en Nicaragua, criado en Costa Rica y residente en Estados Unidos, Estefano todavía sigue vigente entre los artistas del celuloide, el teatro, la televisión, la radio y los anuncios publicitarios.

En el 2007, su carrera cumple 45 años de trayectoria en el sétimo arte. Por eso, como ejemplo del que no se rinde, Viva lo contactó en su oficina en Kendall, al suroeste de Miami, Florida (EE. UU.), para que compartiera sus experiencias como un diligente actor de cine que no ha dejado de luchar, pese a contrariedades que sufrió a partir de su origen latino.

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Estefano, ¿cómo ha sido para usted cumplir el sueño estadounidense dentro de Hollywood?

Bastante duro. Cuando comencé todo era muy difícil. Yo no era americano y cuando di ese paso, en 1970, las cosas empezaron a cambiar, porque ya trabajaba en forma tranquila como un ciudadano más.

¿Aparte de renunciar a la nacionalidad nicaragüense y costarricense, debió cambiar de nombre?

Sí. Solo se podía tener una nacionalidad. Me quitaron todo… hasta el pasaporte de Costa Rica y Nicaragua, para que tuviera uno americano. Y desde que ingresé a Estados Unidos, en 1962, tuve que cambiarme de nombre. Yo me llamaba Pedro Pablo Argüellez y me puse uno artístico: Estefano.

¿Qué requisitos le pidieron?

Yo no sabía nada y entonces estudié actuación en academias en Los Ángeles y Nueva York. Hay que conocer la técnica, cómo hablar, cómo aplicar la pronunciación y meterse en el carácter del personaje. Eso toma tiempo para que uno se pueda desenvolver con el papel de la persona que se interpreta.

¿Cómo logró abrirse paso?

Quería ser actor. Me fui a San Francisco y conocí a unos muchachos que hacían el casting para la obra de teatro West Side Story . Me dijeron que buscaban actores latinos para que interpretara el papel de Chino (el “asesino” de Tony, el actor principal). Hice la audición en Los Ángeles y la pasé. Fue mi primer show . Me vine a Nueva York a abrirme campo en comerciales de chicles, cigarrillos y soldaduras para revistas y cartelones publicitarios en vallas de carreteras. Así me metí a las Uniones de Actores para que lo tomen en cuenta a uno en las agencias y hacer más audiciones.

¿Qué buscan los directores y productores en un actor latino?

Hay que ser buen actor, pero a veces eso aquí no es tan importante. Si la cara, el físico y la manera de ser del actor hacen juego con lo que está escrito en el folleto de la película, a esa persona la toman para el papel. Si no sabe actuar, eso no importa pues el director y el productor lo harán actor después y le sacarán lo mejor de él para la filmación.

¿Cómo es el día a día del actor?

La gente de Hollywood vive muy diferente a la de Nueva York, donde hay más variedad: cine, teatro, televisión y radio. Allí se explota más el talento y el carácter del actor. En Hollywood todo es muy difícil, más plástico, más falso... en pos de llegar hasta el cine o la televisión.

¿Es indispensable ser muy guapo o linda para dar la talla?

Primero que todo hay que ser guapo, alto y un joven con buen físico; o alta, linda y con un cuerpazo. Que sean sexy para atraer al público, porque allí solo piensan en el dinero. Lo que se pueda vender. También tienen que tener conexiones y conocer bien a las personas que los rodean. Todavía existe en Hollywood la palabra couch o el sofá…

¿En qué consiste esto último?

Se va a una entrevista, le cierran la puerta y el director si puede se acuesta con la persona. Hay muchos actores y actrices que comenzaron así: primero pasaron por la cama y después se hicieron famosos, pero eso no les importó. Otros hicieron películas de pornografía, pero los compran para que no se vendan más. Es común en Hollywood: una vida fácil.

¿Cuáles estrellas del cine conoció y con cuáles le tocó actuar?

Son muchos, pero entablé contacto con Elizabeth Taylor, Rita Moreno, Suzanne Pleshette, Sal Mineo, Raymond Saint Jacques, Peter Brown, Tab Hunter, Joe Franklin, Fran Jeffries y Tony Bennett. Y entre los actores principales con los que actué están Mel Gibson, Michelle Pfeiffer y Jennifer Aniston.

Talento latino. Las circunstancias de Estefano no se parecen en nada a las de los actuales actores hispanos. Hoy las opciones son mayores para impulsar el talento de origen o descendencia hispana.

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Hay actores hispanos que llegan a EE. UU. con el apoyo de una carrera en su país de origen, como los españoles Antonio Banderas o Penélope Cruz. ¿Qué pasa cuando no se da eso, como en su caso?

Cuando llegué a Costa Rica no había ningún desarrollo en teatro y cine, ni sabía mucho del tema. Fui a Estados Unidos a comenzar a aprender. Esa gente viene con un respaldo del cine español, ya trabajaron en películas y conocen bien el oficio. Ya no tienen que ir a tocar una puerta. Solamente los llaman y la relación es más directa.

¿Hoy las opciones son mayores para impulsar el talento latino?

Sí. La competencia está más elevada. Ya no es como antes, cuando el latino tenía todo para perder. Hoy están al mismo nivel de los demás actores estadounidenses.

¿De qué forma se refleja ese apoyo al actor hispano?

Ahora hay muchos directores, productores, actores, cantantes y demás artistas. Yo no vi la película Volver –del español Pedro Almodóvar–, pero me dicen que Penélope Cruz estuvo muy bien, al igual que el que hizo Babel –dirigida por el mexicano Alejandro González Iñárritu–... Es una película bárbara.

Sindicalizado. Desde que se hizo miembro, en los años 70, de la Unión de Actores de Cine y de la de Actores de Radio y Televisión, Estefano se siente protegido y beneficiado con garantías laborales.

La primera de estas entidades le da derecho a votar, cada año en secreto, por los nominados a los premios Oscar de la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas. Y este año no fue la excepción.

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¿Qué ventajas recibe por ser un miembro de la Unión de Actores?

La Unión te protege mucho. Hay que pagar cada semestre una cuota para entrar. Son como $250 por año, si uno no trabaja mucho. Si se trabaja bastante se puede llegar a $1.300 por año. También hay que cancelar dinero a la otra Unión. Entonces, se paga cuatro veces al año para poder trabajar. Pero ahora cuesta mucho ingresar, como $2.500, pero para eso hay que haber trabajado para un comercial o en una película de la Unión.

¿Usted ha sufrido el incumplimiento de algún contrato?

Así es. Aquí se da mucho la piratería. Una vez, en Nueva York, hice un cartelón publicitario para un cigarro y descubrí que alguien se llevó la fotografía, cambiaron el cigarrillo y lo pusieron en un anuncio en Ginebra, Suiza. Al ver eso, no pude cobrar porque no se puede ir a otro país a reclamar por algo que no se sabe cómo llegó ahí. Pero esto es muy común y pasa todo el tiempo.

¿A qué se expone un actor cuando es miembro de los sindicatos?

Me representan cinco agencias en Nueva York y hago anuncios para tres revistas con mi agencia Stellar en Miami. Por ley, las agencias ganan entre 15 y 20 por ciento de mis ingresos cada vez que hago cine, televisión, radio y comerciales.

¿Cómo es el proceso de votación de los Oscar en el que participa?

Me mandan el formulario en enero, un mes antes de la elección de los Oscar. El voto es privado, se pone en un sobre cerrado y se envía a Hollywood. Uno tiene un espacio limitado y no le alcanza el tiempo para ver todas las películas. Algunos estudios me mandan las películas de regalo para queuno las vea y resaltan que las cualidades de “x” actor o actriz son buenísimas.

¿Este año su votación para los Oscar coincidió con los premios?

En la mayoría sí concordó, aunque quería que ganara Leonardo Di Caprio por su rol en Diamante de sangre . El moreno (Forest Whitaker, en El último rey de Escocia ) también mereció el Oscar. En los premios a Hellen Mirren ( La Reina ) y a Jennifer Hudson ( Soñadoras ) también me fue bien.

Finalmente, ¿cómo valora su experiencia como actor en Estados Unidos, tras 45 años de carrera?

Ha sido muy interesante y bonita. No valoro todavía el retiro. Sigo trabajando porque me gusta actuar. Cuando voy a Nueva York a hacer cine o televisión, igual me llaman para trabajar en Miami. Ya no es como antes, todo cambió.

Del teatro al cine

• La agitada trayectoria de un luchador

Estefano Argüellez nació en Managua, Nicaragua. Cuando apenas tenía un año vino a vivir a San José, Costa Rica, con sus seis hermanos y sus padres Pedro y Aída (ya fallecida). A los pocos años se naturalizó costarricense.

En su juventud viajó a Estados Unidos a convertirse en actor de cine, teatro, radio y televisión. Hizo comerciales para revistas y cartelones en carreteras. Su primer trabajo teatral fue en Los Ángeles, en los 60, en la obra West Side Story o Amor sin barreras .

Sus primeras películas fueron como actor principal en King Rats , One Way Ticket y Emergency Dial 911 . Hizo de policía, médico, enfermero, prisionero, abogado, vaquero, lunático y criminal. Muchas veces fue “extra” o apareció en papeles pequeños. Y prestó su voz para el filme Bow To The King , que se rodó en Nicaragua en los 80.

En ese tiempo pasó a la televisión neoyorquina y fue policía por tres años y medio en New York Under Cover (se cerró en el 2001). Aún está vigente en Special Victims Unit y Criminal Intent , dos de las cuatro series televisivas de Law and Order .

Dejó el cine entre 1986 y 1991, pero no del todo: alquiló su restaurante para el filme The House on Carroll Street (1988), con Jeff Daniels y Kelly McGuilis, según The New York Times del 2 de agosto de 1986.

Para 1996 protagonizó un corto papel en One Fine Day . Ahí, junto a otros policías, protege a Michelle Pfeiffer de una persecución.

En 1997 participó en el rodaje de Conspiracy Theory , como pasajero de un taxi conducido por Mel Gibson. Ese año fue extra en Picture Perfect y caminó en una calle al lado de Jennifer Aniston.

Su último rodaje fue de mesero en Bella (2003). Aún no se estrenó, pero ya está en DVD y pronto lo pondrán en televisión de cable.

Divorciado , Estefano no tiene hijos. Un tiempo radica en Miami y otro tanto en Nueva York. El resto de su familia tica vive en Curridabat, Tibás y Santa Ana, así como en Vancouver, Canadá.

Pasajes artísticos

En el teatro

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Estefano Argüellez empezó en el teatro de Estados Unidos, en 1962. Aquí aparece en la obra The High Life , que se estrenó en 1967.

En el cine

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King Rats fue su primer filme en la industria del cine, en 1964. El rodaje fue en California y Estefano (der.) actuó con Gary Liekwalk.

Para las damas

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Estefano Argüellez hizo toda clase de fotografías, incluida una sesión en 1974, en Nueva Jersey, publicada en Play Girl Magazine .

Comerciales

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Hizo el anuncio de un cigarrillo, en 1980, montado en el caballo Bertha, para cartelones en Nueva Jersey, Brooklyn y Queens.

Imagen en Time

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Estefano apareció como soldador en un anuncio de recaudación de impuestos. Se publicó en la revista Time . Se tomó en Nueva York.

En Hollywood

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En 1997, Estefano (izq.) fue el pasajero de un taxi neoyorquino manejado por el famoso Mel Gibson, en el filme Conspiracy Theory .



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