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Domingo 15 de abril, 2007 |
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A viva voz Víctor Fernández G. vfernandez@nacion.com Tributos. Lo que empezó como como una reacción emotiva es hoy casi que una pandemia: la moda de hacer conciertos “tributos” se apoderó de la escena roquera nacional... y eso duele. Influencias. Los tributos musicales son algo tan inherente al rock como la actitud de plantarle cara al mundo. Cada joven que agarra por primera vez una guitarra (o batería, bajo, teclados o micrófono) no le entra de una vez a la composición original, que usualmente viene después. No, todo músico principiante se inicia tocando las canciones de otros, de aquellos que considera sus ídolos, héroes o como prefiera etiquetarlos. ¿Cuántos intérpretes hoy consolidados hicieron sus primeras armas imitando a leyendas como John Lennon, Kurt Cobain, David Gilmour, Bob Marley, Joey Ramone, Joaquín Sabina o Charly García? ¡Todos! Razones. Lo anterior explica por qué, cuando un músico ya ha hecho algo de camino, no le tienen que rogar mucho para que toque en un escenario la música de sus maestros. Rendir un sentido homenaje a aquellas grandes influencias es lo más normal del mundo, tanto así que todas las estrellas del rock and roll han grabado al menos un cover en su carrera, e incluso algunas –desde Johnny Cash hasta Rage Against The Machine– han lanzado discos completos con sus versiones para temas de artistas a los que respetan. El problema surge cuando el tributo deja de ser un homenaje para convertirse en negocio. Casos. En los últimos meses hemos sido testigos de una producción de “tributos” en masa, al punto de que no falta un mes en que haya al menos un concierto de este tipo en los bares capitalinos. En buena teoría eso no es algo malo, a pesar de lo aburrido que es oír a tanta gente tocando música prestada y no material original. Sin embargo, el público ya se ha hecho oír, pues han sido bastantes los fiascos: cantantes que recurren a forros; ejecutantes que ocupan las partituras porque no se saben esas canciones que, se supone, tanto los influenciaron; organizadores que se han preocupado más por ganar dinero que por preparar conciertos por lo menos decentes; músicos que una semana están en un tributo de Metallica y a la siguiente en otro de Bon Jovi (¿?) y un público que volvió a sus casas estafado, pues, desde luego, no hay reembolso a pesar del paquetazo. Excepciones. Sí vale aclarar que se han dado buenos tributos, conciertos que sí fueron planteados como un homenaje, al estilo de los que, años atrás, hubo para los fallecidos Joey Ramone, Joe Strummer y Dimebag Abbott y, más recientemente, para Layne Staley o Stone Temple Pilots. Sin embargo, pareciera que ahora a muchos músicos ticos les importa más la plata fácil del cover . El homenaje es la excusa.
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