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Domingo 15 de abril, 2007 |
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Para estar enganchado Asesino: Tensión en rompecabezasWílliam Venegas wvenegas@nacion.com Pongan atención al elenco que se presenta con la película Asesino a sueldo (2006), dirigida por Paul McGuigan. Tenemos a Josh Hartnet (quien actúa como nunca lo ha hecho de bien), Bruce Willis (quien encarna de manera muy limpia a un personaje muy sucio), Lucy Liu (brillante como la chica “al margen” que nunca está al margen), Morgan Freeman (negritud como mafioso negro), Ben Kingsley (elegante como rabino criminal) y Stanley Tucci (extraordinario como el policía dubitativo). Con magnífica dirección de actores, solo ese reparto y sus altos niveles de trabajo son buena razón para ir al cine a ver esta película. Sin embargo, el sétimo arte no solo es representación dramática; también debe tener una buena historia. Pues bien, amigos, aquí tenemos un relato seductor y muy bien contado. Su historia se desgrana con pasión, con humor solapado y con gusto visual, configurada como rompecabezas, tanto que uno teme que se le vaya de las manos al director. Pero no. El guionista Jason Smilovic ofrece un texto coherente, cuya aparente dispersión no pasa de tirar al aire un montón de confeti para recogerlo, en su caída, como papel entero con un cuento compacto, fino y seductor. Con este largometraje, se trata de crear una fábula mordiente sobre el mundo del hampa. Lo hace a partir de un embrollo de falsas identidades, con un texto escrupuloso del cual es mejor no contarles nada, y más importante aún es que ustedes tampoco cuenten nada a sus amistades. Este buen filme (calificado con un 9) es ejercicio retórico, más solemne que aparatoso. Sus imágenes, iconografía de un mundo gansteril, se apoyan en diálogos lanzados como hilos conductores en el dédalo de situaciones tirantes del argumento, algunas violentas, otras humorosas y aquella romántica. La relación entre diálogos e imágenes está magistralmente lograda. Estamos ante una película que encantará a los gustosos del artificio, a los amantes del género gansteril y a los admiradores del cine inteligente: la creatividad narrativa es absoluta, aunque sea un relato sin profundización de ideas. Correspondiéndole a lo formal, la música es siempre oportuna, la fotografía es moderna, el elenco es de lujo y el montaje resulta eximio. ¡El montaje! ¿Qué sería de un filme así planteado sin un buen montaje? Sería una cascarita de nada. El montaje le da entidad al laberinto narrativo, al aparente enredo que se clarifica casi al final con el propio final: maraña inteligente. Película entretenidamente complicada, con notable estilo visual, cinta laboriosa, audaz, perspicaz, cuyo truco está en entender lo que aquí no podemos decirles. Por favor, no se la pierdan.
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