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Lunes 25 de septiembre, 2006 |
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Crítica de música: Batuta experta Bienvenido: La visita del director invitado benefició a la OSNAndrés Sáenz asaenz@nacion.com Bajo la iluminada dirección del invitado Ferenc Gabor y con el desempeño brillante del trompetista costarricense Luis Miguel Araya, el octavo concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), celebrado el viernes, en el Teatro Nacional, me pareció , en cuanto al rendimiento global del conjunto y a la idoneidad del solista, tan satisfactorio como el quinto concierto de la actual temporada, que dirigió el nicaragüense Giancarlo Guerrero, con María Luisa Meneses de solista en la flauta. Junto a la participación admirable de los solistas, en ambas presentaciones y quizá en esta última especialmente, la OSN recobró de pleno la sonoridad amplia, colorida y radiante que fue la herencia artística de los 15 años de la labor notable del maestro Irwin Hoffman como director titular, y que batutas menos expertas venían desluciendo. Al comienzo de la función, Araya desplegó sonido luciente y matizado, hálito robusto y uniforme, en la Sonata de concierto en re mayor para trompeta, cuerdas y bajo continuo, de Georg Philipp Telemann (1681-1767), figura importante del barroco alemán. Las mismas cualidades se evidenciaron, al final de la primera mitad, en el Concierto en mi bemol, para trompeta y orquesta, de Franz-Joseph Haydn (1732-1809), progenitor del clasicismo vienés.
Araya interpretó la obra de Telemann en trompeta pícolo en la, y en trompeta en mi bemol la pieza de Haydn. Gabor y dotaciones reducidas de la orquesta acompañaron con propiedad y esmero. Entre uno y otro concierto para trompeta, Ferenc Gabor y la sección de arcos de la OSN modelaron una lectura intensa y emotiva del Adagio para cuerdas, opus 11, de Samuel Barber (1910-1981), uno los principales compositores estadounidenses del siglo XX. Arturo Toscanini estrenó la obra en 1938 en el concierto inaugural de la Orquesta Sinfónica NBC. En el Adagio, las cuerdas produjeron una sonoridad lustrosa y opulenta, calibrada de modo delicado en dinámica, con los fortes recios y sedosos, los pianos tenues pero audibles. Después del intermedio, Ferenc Gabor y la OSN forjaron una interpretación integrada, precisa y lucida de Mathis der Maler ( Matías, el pintor), de Paul Hindemith (1895-1963), entre los más destacados músicos alemanes del siglo anterior. La pieza es una recapitulación sinfónica de la ópera homónima, basada en la vida del gran pintor religioso alemán Matthias Grünewald (1470-1528). La ópera trata sobre los imperativos éticos que deben regir la conducta del artista en tiempos de crisis. Su inspiración inmediata fue el retablo del monasterio de Isenheim, cuya estructura en tríptico se refleja por los tres movimientos de la síntesis sinfónica. Wilhelm Furtwängler estrenó Mathis der Maler con la Filarmónica de Berlín en 1934, a despecho de las autoridades nazis, que consideraban al compositor como exponente de Entartete Musik o música degenerada, y poco después sus obras se prohibieron en Alemania. Una asistencia numerosa aplaudió con entusiasmo las actuaciones del joven solista en trompeta, Luis Miguel Araya, la dirección lúcida y sensitiva de Ferenc Gabor y el buen rendimiento de la OSN.
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