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Lunes 25 de septiembre, 2006

Notas Espectáculos:

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Oloroso. Aromas cautivos, de Erika Mata, recurre al sentido del olfato para darle nuevas oportunidades a la experiencia escénica. El trabajo se estrena hoy como parte del menú de Nosilicona y contará con la reflexión de Rodrigo Soto.Eddy Rojas
Danza:

Festín de danza con olores

Estreno: Aromas cautivos, de Erika Mata González, se presenta hoy en el Museo de Arte Costarricense como parte de Nosilicona

María Montero
mmontero@nacion.com

“Quiero ubicar al espectador en otro mundo”, dice la coreógrafa Erika Mata, quien debuta esta noche en el programa Nosilicona con un trabajo titulado Aromas cautivos. “El olfato es un sentido que uno puede ampliar muchísimo, y relacionarlo con la escena es muy rico porque le da otro ángulo a la experiencia estética”.

Como parte de los jóvenes artistas seleccionados por el programa –iniciativa del Taller Nacional de Danza-Conservatorio El Barco– la bailarina y coreógrafa basó su propuesta en el olfato, uno de los sentidos menos apreciados por las artes escénicas, y sacó adelante una coreografía en la que el aroma de la naranja, el café, el pescado, el perfume, el alcohol y el lirio juegan un papel determinante en la creación misma de los movimientos.

El trabajo, que contará con el aporte reflexivo del escritor Rodrigo Soto, será estrenado esta noche, a las 7 p. m, en el Museo de Arte Costarricense (MAC), ubicado en La Sabana. La entrada es gratuita.

Programa.Estructurado en un prólogo, cinco escenas y un epílogo, Aromas cautivos reúne a 19 intérpretes, algunos alumnos y exalumnos del Conservatorio El Barco, así como actores invitados. Además, en una de las escenas, el pianista Raúl Ibarra toca en vivo una pieza de Schubert.

Para Mata, quien pertenece a la primera generación de bailarines graduada de este Conservatorio, experimentar con el olfato le permitió crear imágenes que, lejos de narrar una historia lineal y racionalmente “comestible”, se apoyan en instancias más irracionales.

“No es un espectáculo narrativo, son imágenes que parten de lo sensorial, aunque todas las escenas están vinculadas por los personajes, sin necesidad de contar una historia”, explica la coreógrafa.

Tras la presentación del prólogo, los espectadores se dividirán en tres grupos que serán guiados por los diferentes espacios del museo seleccionados para bailar: desde el Salón Dorado hasta las salas de exhibición. Estas escenas intermedias sucederán simultáneamente, así que los espectadores no volverán a reunirse hasta el final, con el epílogo, que transcurrirá en el jardín de esculturas del museo.

“La idea es convertir el museo en una galería en movimiento, con olores, y el público camina por el museo como si fuera una visita guiada”, dice Mata. “El mundo del aroma es extensísimo y tener que discriminar olores fue difícil. Fue un trabajo colectivo entre lo que yo experimentaba y lo que experimentaban los bailarines. Lo definí así: Cuando lo efímero del aroma se captura por el recuerdo”.

Lo que empezó como un trabajo de pequeño formato –con cinco bailarines, la coreógrafa incluida–, se convirtió en una multitud de aportes y fragancias, en beneficio del tema, asegura Mata.



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