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Lunes 18 de septiembre, 2006 |
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Crítica de cine Crítica de cine: El amor al desnudo Quimera: Reto a la imaginaciónWílliam Venegas wvenegas@nacion.com En la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Costa Rica, con su riquísimo escenario, se está dando una muestra de cómo puede representarse hasta lo irrepresentable, porque el propio Federico García Lorca (1898-1936) se sentiría extrañado y complacido al ver lo que la imaginación talentosa del director Jeff Arce, joven aún, ha logrado con uno de sus diálogos. En este caso se trata de la obra de teatro Quimera, ubicable dentro de lo que algunos llaman “el teatro imposible”, diálogos o textos emancipados de alguna manera del verso, pero no de la función poética del lenguaje. Se trata de piezas vanguardistas, más expresionistas que surrealistas. Su contenido se acerca a lo absurdo como meditación sobre la esencia humana y fueron escritos entre 1925 y 1930, cuando Lorca también escribió un guion para el cine titulado Viaje a la Luna. He de confesar que disfruto de estos mentados “diálogos incomprensibles”, por ser tan polisémicos: uno, lector, los interpreta, incluido el monólogo titulado Solo del pastor bobo. Hay diálogos extraordinarios por insensatos, como El diálogo mudo de los cartujos o como El paseo de Buster Keaton. El segundo arranca con el canto de un gallo. El primero termina con un chorro de hormigas subiendo por la pared del escenario. Quimera, por su parte, es un indescifrable canto al amor, con las voces de seis niños que despiden al padre, con la madre fecunda que dice adiós al esposo viajero y, con este, un viejo que conoce a la madre. De ahí, sale un texto, como dice el español José Monleón, “comprometido con el amor como forma de vida, con el amor como relación por encima de la relación establecida por la economía”. De esa sensibilidad se nutre la propuesta escénica dirigida ahora por Jeff Arce.
Esta puesta en escena juega con la libertad de crear en el escenario, con la de hacer de la imaginación un instrumento de la inteligencia, con la de hacer de lo bello una emoción. Es un extraordinario trabajo que aquí recomendamos de manera efusiva. Aplaudimos la actuación tan sólida de Pedro José Sánchez (como el Viejo), nos atrapa la capacidad expresiva de Allan Hernández (como el padre), aún en el silencio, y seduce el contenido poético/desgarrador en la buena actuación de Liliana Biamonte (como la madre). Esta joven actriz asume con entereza profesional el desnudo en escena, como lo pide Lorca, y no como un gesto gratuito: “Yo quiero que él me desprecie… y me ame. Yo quiero huir y que me alcance. Yo quiero que me queme… que me queme”; ¡García Lorca!, ¡claro! Igual debemos elogiar la buena dirección con el conjunto de niños, aunque a algunos se les debería bajar el volumen de voz en ciertos gritos de angustia. Esta brillante puesta en escena es derroche estético, con la contribución del expresivo y soberbio trabajo de luces. Al igual, tenemos el firme apoyo de la música. Resumimos diciéndoles que estamos ante una puesta en escena emotiva, con la sabia sinergia de los signos teatrales en juego. ¡Gracias al grupo Teatro del Sol por esta experiencia!
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