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Lunes 18 de septiembre, 2006

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Entrevista:

Thom Yorke, príncipe de las tinieblas

El cantante de Radiohead habla de su primer y claustrofóbico álbum en soledad, de depresiones y paranoias y del futuro de la banda más experimental y popular de rock de la última década

La Nación

GDA/Argentina

Thom Yorke es un ejemplo de asimetría. Pequeño y enjuto, está sentado con cauta cortesía en una habitación de hotel de Manhattan, pretenciosamente minimalista, “pero más bien barata”, agrega él burlonamente.

El pelo rubio rojizo de Yorke está cortado en ángulos precisamente desequilibrados, y en su rostro agudo de zorro se advierte que el ojo derecho es mucho más grande que el izquierdo. La asimetría también invade la música que hace en su primer álbum solista, The Eraser, y la música que ha hecho durante más de una década con Radiohead, la banda más experimental del rock entre las 10 más populares del género.

Y ahora, como la banda decidió no firmar un nuevo contrato de grabación tras terminar con su contrato anterior en el 2003, Radiohead es el más codiciado agente libre del rock. Mientras el pop se hace cada vez más caprichoso, Radiohead ha mantenido un gran número de seguidores, suficientemente importante como para que sus discos ocupen el primer lugar de las listas, y suficientemente devoto como para colmar Internet de sitios, blogs, grabaciones y discusiones sobre el grupo.

El Radiohead del siglo XXI hace música discordante y sofisticada. Con y sin Radiohead, Yorke es un proveedor de bellas ansiedades y angustias. “Me irrita que mi voz sea bonita. Puede parecer muy poco modesto, pero me irrita que suene tan amable cuando lo que canta es profundamente ácido.”

La gira que siguió a Hail to the Thief agotó entradas en cuatro continentes, terminando en el Festival Coachella del 2004. Y después del triunfo, no hubo nada. Ni grabación, ni giras. Cuando los miembros de la banda volvieron con sus familias, Radiohead quedó en silencio.

“Perdimos todo impulso y es muy difícil recuperarlo. Y cuando hablo de impulso no me refiero tan sólo al trabajo concreto de cada día, sino al hecho de reunirnos y tocar la música de cada uno y generar ideas y eso. Es algo que uno da por hecho hasta que desaparece. Y uno se pregunta qué es lo que anda mal”.

En cuanto a The Eraser, aunque él es quien hace gran parte de la programación electrónica de Radiohead, el disco no es la abstracta excursión sónica que algunos admiradores podrían esperar. Tampoco es un típico álbum de un cantautor, melodías modestas rasgadas en una guitarra acústica, sino un conjunto de nueve canciones electrónicas, concisas y melódicas: pop en forma, claustrofóbicas en ejecución, desesperadas y seductoras.

“Hubo en este disco mucho del intento de levantarme del suelo –dice–. Porque me caí... me hundí. Hay mucho de monólogo interior en esto, pero nunca es literal”.

No escribe ni lee música. Pero Yorke no considera el suyo un álbum completamente solista. Muchos de los sonidos que contiene fueron hechos por los integrantes de Radiohead con los años. En la biblioteca de sonidos que usó para The Eraser, Yorke no sabe quién tocó qué cosa.

“Parte de nuestro método es que grabamos todo lo que hacemos. Es algo así como descubrir los accidentes y compilarlos”.

Gran parte del disco tomó forma sin instrumentos: sólo Yorke con sus computadoras. Después agregó un poco de percusión y alguna ocasional parte de guitarra. “La música fue bastante mínima. Y las ideas vocales eran muy directas. No quería algo densamente electrónico ni programado”.

El borrador. Thom Yorke asegura que su álbum estuvo influido por el sentimiento de impotencia que siente en la actualidad por las distintas acciones que toma el gobierno británico respecto del medio ambiente y de la guerra de Iraq. “Este es un período oscuro en la historia de nuestro país. Están todos estos elefantes gigantes que tenemos en hoy en la habitación, en el Oeste, y la gente está desesperada tratando de borrarlos de la conciencia pública”.

Ferviente y público crítico de George W. Bush, Yorke debió enfrentar en junio el hecho de que una de las hijas del presidente estadounidense concurriera al concierto que Radiohead ofreció en el Madison Square Garden. Al día siguiente, Thom escribió en la página web de la banda: “No sé si debemos estar honrados, divertidos, perplejos, preguntarle a ella si tenía una entrada válida, objetar tardíamente, preguntarle otra vez sobre su entrada y sobre si realmente sabe de qué se trata nuestro show o callar y sonreír”.



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