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Jueves 14 de septiembre, 2006

Notas Espectáculos:

Foto Principal: 1359537

Recuerdo. La Orquesta Filarmónica acompañó el repertorio romántico de Vía Libre el domingo pasado. Marvin Caravaca

Crítica de música: El arreglo manda

Vía Libre: Vuelta al primer amor

Alberto Zúñiga
betofono56@gmail.com

Con este concierto, la Orquesta Filarmónica parece cerrar un ciclo propuesto sobre el arsenal de canciones románticas que generaciones atrás conmovieron a ticos, moros y cristianos.

Tres grupos se consolidaron desde finales de los años 70 y cruzaron por la década de los 80 como señores feudales en un imperio donde la producción nacional parecía mandar. Abracadabra, Vía Libre y Gaviota, en ese orden de aparición, se infiltraron en la vida emocional del costarricense a través de un repertorio muy definido y conciso en sus estilos musicales y modos interpretativos.

Ahora, a la vuelta de tres décadas, confirma uno que estas “cancioncitas” tenían lo suyo y se evidencia que, con esta especie de santísima trinidad de la canción romántica, se resume un gran capítulo de la música popular costarricense. Las canciones de los tres grupos citados junto a la Orquesta Filarmónica regresaron como un gran valor de evocación que el público agradeció y apoyó, sin fundamentalismos pero con mucha pasión, en todas sus presentaciones.

Gran iniciativa de Marvin Araya y Solón Sirias que provocaron una estampida hacia la apreciación orquestal, de gran formato y no de pequeño grupo, de las viejas canciones alentadas ahora por nuevos y monumentales arreglos que las reunificaron por encima de nuestra ya diseminada identidad musical, aunque para muchos esa es precisamente nuestra realidad por lo tanto nuestra personalidad.

Tema para otro día porque ahora regresamos a Fernando Castro y sus hijos, que continúan dando vía libre a las canciones que les brindaron celebridad a un grupo de “chavalos” de por el lado de Escazú y de Santa Ana. Brujos y cebolleros, fregada combinación para el corazón, como un día le escuché decir a una amiga.

Progresivo.El repertorio elegido creció en intensidad conforme avanzó el concierto y Fernando asombró por preservar su tono tan característico de voz. Un par de “desafinadillas” que, gracias a la espuela de una trayectoria constante fueron superadas, nos recordaron que tener atrás a más de cincuenta músicos en lugar de tres no es comida de trompudos. La faena concluyó y fue ovacionada con creces. El público reconoció el esfuerzo, pero sobre todo, la belleza formal del concierto, la nueva manera en que fueron presentadas esas canciones, es decir, los arreglos.

El aporte más valioso de la Filarmónica, allende la conquista de un nuevo público en los teatros, es la consolidación de un reducto para literatura musical costarricense. En otras palabras, la herencia de partituras. Por ello debo insistir que, en el programa de mano, se debe obligatoriamente aclarar de quién son los arreglos pieza por pieza.

Cuando Marvin Araya, director de la OF, mencionó que William Porras hizo el arreglo de Déjame enseñarte, quizás la canción mejor vestida de toda la noche, el público empezó a apreciar desde otra perspectiva. Ese público debe y merece entender que en el fenómeno de la Filarmónica el que manda es el arreglo. Esa es la experiencia total a la que nos está acostumbrando la Filarmónica.

Vía Libre y la Orquesta Filarmónica

Dónde: Teatro Popular Melico Salazar

Cuándo: Domingo 10 de setiembre, 2006



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