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Lunes 11 de septiembre, 2006 |
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Pionero y soñador en grande Sin un cinco, pero con mucha valentía, Marvin Córdoba se convirtió hace 20 años en el precursor de los grandes conciertos internacionalesYuri Lorena Jiménez yjimenez@nacion.com Sí, lo reconoce. Esto de traer artistas (algunos de primer nivel) le ha costado mucho más que perder su cabellera antes de llegar a los 30. Pero una infancia llena de privaciones y luchas a la postre forjaron una firme particularidad en el carácter de Marvin Córdoba Ramírez: si algo lo caracteriza es su capacidad de asumir riesgos altísimos sin sufrir un infarto en el proceso. A sus cuarenta y tantos (entre risas sorteó la cifra exacta), Marvin se repasó con un orgullo bien puesto tras enumerar las mil y una peripecias que tuvo que vivir antes de lograr la organización de espectáculos masivos , especialmente en un país que no cuenta con una infraestructura adecuada para facilitar la monumental logística que requieren estas actividades. Al ser el mayor de una prole de seis hermanos, desde niño Marvin tuvo que asumir el rol de “hombre de la casa” en vista de que su padre se separó de su mamá. Sin cumplir los diez años trabajó como recolector de café (en mata y “en un tarrillo de pintura”, cuando se trataba de grano maduro), hacía mandados por encargo y a los 11 logró un “puestazo” en una granja, pues se convirtió en el más eficiente matador de pollos de la empresa (“¡hasta 1.200 en un día!”, asegura con con cierto orgullo). Poco después empezó a trabajar como mensajero con el fallecido y animador de televisión Carlos Alberto Patiño y con el productor Max Gamboa, en lo que sería su primer --y definitivo-- contacto con el mundo del espectáculo. Destreza innata En los próximos diez años obtuvo en bachillerato estudiando de noche y las circunstancias le fueron marcando el camino; ahí emergió ese don natural para “organizar eventos” y también para asumir las derrotas como enseñanzas: organizó un baile con el grupo “Cinco céntimos” que fue un rotundo fracaso. ¿Se desanimó? ¡Claro! Todavía no entiende cómo siguió adelante, pero lo hizo. Ya en los 20 se vinculó con la organización de las Teletones, donde le correspondía uno de los roles más difíciles, el de “acomodador”, es decir, tenía a su cargo la responsabilidad de que los bloques de público salieran e ingresaran en orden, de forma tal que no afectaran el lucimiento en el escenario. Marvin salió bien librado del reto y permaneció por cinco años ligado a las teletones. Luego, decidió que estaba listo para su primera gran aventura, su primer gran concierto internacional, el que lo empezaría a posicionar fuera y dentro del país como “empresario artístico”. La traída de la española Paloma San Basilio fue un verdadero salto al vacío: ella no era muy conocida aquí, Marvin no tenía todavía la experiencia para asumir un espectáculo de semejante envergadura y no contaba con el capital suficiente para hacerlo. Ni siquiera con el apoyo económico de muchos de sus amigos pudo cubrir los seguros que San Basilio exigía en sus contratos. Marvin se sinceró con ella y, aún así, decidió venir. La serie de presentaciones fue un éxito rotundo. Esto ocurrió en 1986 y se repitió durante los cinco años posteriores, lo que se convirtió en el espaldarazo emocional y financiero que Córdoba requería para meterse de lleno en el negocio. Desde entonces, la traída de artistas extranjeros ha sido su norte, siempre marcado por el vértigo, por tratar de conciliar decenas de variables para que todo “salga perfecto”. El colmillo pesa y hoy, Marvin se precia de su buen olfato para intuir quién –y en qué temporada—puede conquistar a los ticos. Pero insiste en que su mayor satisfacción es haber aportado un grano de arena para que los costarricenses puedan ver a sus ídolos en presentaciones memorables. Actualmente Córdoba está enfrascado en un nuevo gran proyecto: el desarrollo de un centro de actividades recreativas que incluirá, por supuesto, un centro de conciertos. En vista de que Guanacaste se perfila como la megaciudad del futuro en el país, según Córdoba, la construcción se está programando en las cercanías de la Costa de Oro, entre Liberia y las principales playas de Guanacaste. “Aquí urge, para nadie es un secreto, un centro de entretenimiento de primera, donde la gente pueda disfrutar de los espectáculos como se merece”, aseguró Córdoba, quien afirma que él y sus socios esperan arrancar con la primera etapa en el primer semestre del 2007.
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