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Domingo 29 de octubre, 2006 |
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crítica de danza Crítica de danza: Sin complacencias Mirada aguda: Espectáculo reúne obras que denuncian situaciones cotidianasMarta Ávila iceagqa@racsa.co.cr En esta segunda temporada, Danza Universitaria, como es característico en esta agrupación, retomó tres obras de su repertorio y le devolvió al público nuevas versiones. Debemos recordar que cada vez que Rogelio López repone una coreografía, sin perder su esencia germinal, la transforma, la renueva y la adapta a sus nuevos bailarines para mantener interesado a su público. En este sentido, Luis Piedra, actual director y coreógrafo, también retomó su última producción y la sometió a revisión. Ante esta posición el espectador se encontró frente a creaciones que evolucionaron según sus intérpretes y por qué no, obras que sufrieron las consecuencias de comentarios de sus seguidores y críticos. Como primera parte el elenco interpretó Amorosamente, los amorosos, recientemente comentada, y Cualquiera, cualquier día (2004) de Rogelio López. De Luis Piedra vimos Los apurados (2005). En las tres creaciones del espectáculo los bailarines de planta e invitados demostraron buena forma y limpieza en la ejecución. Todos los ejecutantes hicieron gala de la escuela interpretativa que ha manejado esta institución durante casi tres décadas. En Los apurados, la síntesis le ayudo a Luis Piedra a sostener el tema. Este trabajo nos recordó el ambiente logrado en obras anteriores como Texturas urbanas (1994), donde el autor había desarrollado el tema de la enajenación del ciudadano de las metrópolis. En este quinteto, ejecutado por Gustavo Hernández, Eduardo Guerra, Mainor Gutiérrez, Elían López y Evelyn Ureña, el autor puso a sus bailarines a interpretar a hombres y mujeres tensos, víctimas de la mecanización y obsesión por la eficiencia al menor costo. Ellos son las personas que viven una carrera sin meta, corren a ningún sitio. En Los apurados la simetría del manejo en el espacio contribuyó a lograr una adecuada ambientación. El mismo efecto causaron los otros elementos como el collage musical y la vestimenta en tonos grisáceos. Cualquiera, cualquier día un trabajo grupal que se apoya en un texto del escritor peruano Ezio Neyra Magagna y será la última puesta de Rogelio López con los bailarines de planta. El tema más evidente de esta coreografía es la soledad del habitante de este pequeño orbe. Con sus dos obras Rogelio López se reafirma como un coreógrafo al que no le gusta poner en escena cuentos de color de rosa. Al contrario, López va a lo conflictivo, evidencia al máximo las situaciones hasta incomodar al espectador. Todo lo anterior lo logra utilizando la teatralidad con un dinámico manejo del espacio y el movimiento con dominio del oficio. Destacamos que para Cualquiera, cualquier día la música correspondió a Z-Trip. Es poco frecuente que López utilice un solo compositor, ya que nos ha acostumbrado a sus mosaicos sonoros. No obstante, en esta obra se hizo necesario algún cambio de ritmo. Sobre todo porque sentimos que la música de la coreografía de Luis Piedra, que antecedía, proporcionaba sonoridades similares. Para las tres coreografías, Telémaco Martínez diseñó una precisa iluminación.
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