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Domingo 22 de octubre, 2006

Notas Espectáculos:

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Líder. Daniel Stewart de la comparsa Los Brasileiros es el fiel reflejo del Carnaval Limonense. Marvin Caravaca.

¡Jugoso Limón! Sol y fiesta

Comparsas, pasallacalle y gente de la zona que dejó su actitud de común y corriente para hacerse personaje de fantasía armaron el desfile de los Carnavales del Caribe.

Ana María Parra y Víctor Fernández
aparra@nacion.com
vfernandez@nacion.com

Limón. Si el carnaval limonense tuviera un rostro, ese sería el de Daniel Stewart. Espigado, de estudiada melena en dreads y oscuro hasta los párpados este bailarín de la comparsa Los Brasileiros es la esencia del espíritu de la ciudad caribeña durante su máxima celebración. Durante más de tres horas, Daniel sacudió su cuerpo al compás de los tambores, timbales y pequeños palos de lluvia. Con cada círculo que iba haciendo desencadenaba la euforia entre la expectante multitud. ¡Lo vitoreaban!

Tan contagioso resultaba el ánimo de Daniel que Marilyn Blanco no se pudo contener.

“Rubia” en mano la mujer se coló por entre los músicos de la particular batucada y en un dos por tres hacía con Daniel la coreografía de calle. Sus buenos metros bailaron Marilyn y Daniel, ella no llevaba plumas, pero algún día las cargó, porque fue rumbera de Los Brasileiros durante 12 años. Simplemente, vio la comparsa y no se pudo contener, y así, iba de civil, pero resultó rumbera al fin.

Igual que Marilyn, ayer miles de limonenses se entregaron a la fiesta. Bien sentados, con banquitos o cajas de refrescos en la acera, o de pie apretujando sudores los curiosos gritaban, algunos levantaban las manos y otros, un poquillo más alcohólicamente estimulados, hasta meneaban bien las caderas. Y si se podía se metían algunos segundos a las comparsas… es que el sábado todo era fiesta.

Fuera lluvia.Limón topó con suerte. A diferencia de otros años, donde el cielo rompe en agua cuando menos se le espera, ayer no hubo lluvia. Milagrosamente un Sol tremendo acompañó a los rumberos y si hubo algo que mojara las cabezas eso fueron las lluvias de cervezas o de agua en botellas. Decenas de comparsas le metieron sabor a un carnaval que, como siempre, empezó impuntual, pero que se desarrolló en absoluto orden.

Si bien la asistencia no fue tan multitudinaria como en anteriores ediciones (donde la gente, casi literalmente, cuelga de árboles y techos), el tradicional pasacalle limonense le recetó sobredosis de alegría a la festiva masa que colmó aceras, tarimas y balcones.

Desde la mañana los primeros fiesteros apartaron sus espacios a la orilla del recorrido. Con cajones de pick-up a manera de improvisados campamentos, familias enteras se instalaron para ver, cerveza en mano, el paso de comparsas, carrozas y disfraces.

Sin embargo, tardó en empezar lo que le dio la gana, pues para las 11 a. m., hora anunciada para el banderazo de salida, eran pocos los participantes que ya estaban listos. Aquí ni siquiera se puede hablar de la impuntual hora tica, pues, cuando de este acontecimiento se trata, lo que vale es la “hora Limón”.

Fue hasta las primeras horas de la tarde que el asunto cobró vida. Abriendo el carnaval iba un grupo de caballistas… ¿acaso no tuvieron su tope una semana atrás? Bien hubieran hecho los vaqueros en ponerle pañales a sus bestias, pues los equinos tapizaron de boñiga las calles por las que después bailarían las comparsas. Vaya detalle.

El público se iba metiendo en calor conforme avanzaba el desfile de participantes: un Gordo Malo que bailó “pegadito" con más de una; una sofocada Diana McKenzie, reina de las fiestas, que vestida a lo Barbie (vaporoso y sofocante vestido largo en rosa y hasta guantes) iba lanzando confites. Pobre reina, iba vestida de nevada en lugar de estar ventilada. Aplaudida fue la elaborada representación de los chinos limonenses, y la colorida mascarada hecha por Nelson Morales, donde la enorme cabezota de La Negra Ruth compartía protagonismo con la máscara en tributo a Alfred King, el desaparecido ideólogo de estos carnavales.

¡Saborrr! El orden de las comparsas se ajustó a la tradición: primero las provenientes del Valle Central y el cierre para las agrupaciones locales. De las comparsas visitantes hay poco que decir: la mayoría exhibieron más ganas que calidad e incluso algunas presentaron espectáculos que rallaron en lo desagradable, como la muchacha de la Latin Star, de Ipís, que lució, como la gran gracia, un traje que dejaba a la vista un trasero gelatinoso e incontrolable.

La excepción entre las comparsas “importadas” la marcó la debutante Ritmo Tropical, de Paraíso de Cartago, cuyos integrantes sacaron bien la faena, algo que sin duda hará muy feliz al alcalde de ese cantón, Marvin Solano, cuyo despacho patrocinó a la agrupación.

Y es que los paraiseños no fueron los únicos que mostraron su afiliación de cara a la venidera elección de alcaldes, pues el candidato socialcristino a la alcaldía limonense, Wálter Céspedes, aprovechó la ocasión para hacer proselitismo, maniobra que fue muy criticada.

Incluso los de la también limonense comparsa Los Excelentes desfilaron descalzos, a modo de protesta.Pero a pata pelada o en suelas, payasos, mascaradas, disfrazados y comparseros se robaron la atención de Limón entero.

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Majestad.Diana McKenzie, la Reina de los Carnavales lució un elegante, pero incómodo vestido que, eso sí, no opacó su belleza.Marvin Caravaca
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Fiebre .Gordo Malo, quien nunca se pierde un carnaval se “robó” al show al inicio de la celebración.
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Rivales. La Turba Caribeña, al igual que todos los años le hizo escolta a Los Brasileiros. Su vacilón fue caótico, pero muy respetuoso. Marvin Caravaca
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¿Tenía sed? Este fiestero no estuvo para miserias. Manuel Vargas se fue mejor a pichel limpio que solo un vasito.Marvin Caravaca
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Entusiasmo Crisbel Smith también de Los Brasileiros evidencia la renovación generacional dentro de la más populosa de las comparsas limonenses.



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