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 The Black Dahlia se filmó en Los Ángeles y la mayoría de las escenas de tomas interiores fueron hechas en Bulgaria, donde construyeron incluso un China Town y una estación de policía. Universal Pictures.
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Entrevista:
Hollywood se derrite ante
Scarlett “No puedo imaginarme lo que haría yo si el cine no existiera en mi vida”, dice Scarlett Johansson, una actriz de belleza clásica que a los 21 años ya lo tiene todo.
Fabián W. Waintal
Para La Nación
En pleno centro de Los Ángeles nos trasladamos en el tiempo, recorriendo los pasillos del Hotel Biltmore, donde solían entregar los premios Oscar. Allí por donde pasaron Clark Gable, Shirley Temple o Bette Davis nos esperaba ahora una versión más actual de Hollywood: Scarlett Johansson.
“El hotel es hermoso”, resalta Scarlett. “Es raro encontrar este tipo de joyas que fueron siendo preservadas. La gente prefiere lugares más populares que sean más grandes o modernos. Es triste”.
Y la popularidad a lo largo del tiempo la toca bien de cerca. Con apenas 21 años, Scarlett cuenta con más de una década de experiencia como actriz. “En verdad, había empezado a actuar cuando tenía siete años”, recuerda. “Había sido con un personaje muy chico en una obra de Off Broadway que se llamaba Sophistry. Después empecé con el cine durante el verano, cuando no tenía clases en la escuela”.
A los 11 ya estaba trabajando con Sean Connery en la película Just Cause y recién había cumplido los 14 cuando apareció al lado de Robert Redford en The Horse Whisperer. Ni siquiera había pasado la mayoría de edad cuando la premiaron como Mejor Actriz en el Festival de Cine de Venecia con la película Lost in Translation y desde el 2004 tiene el honor de formar parte de la exclusiva Academia de Hollywood que vota en los premios Oscar. Requerida entre las actrices más jóvenes, a Scarlett Johansson el director Woody Allen la eligió para sus últimas dos películas Match Point y Scoop.
Por supuesto, también fue noticia por ciertos romances famosos como el de Benicio del Toro antes de empezar el nuevo noviazgo con Josh Hartnett durante la filmación de la nueva película de Brian De Palma: The Black Dahlia, una historia basada en el verdadero homicidio de una actriz que había sido mutilada en Los Angeles en 1947, aunque en la realidad jamás aclararon el crimen tan publicitado.
Scarlett Johansson interpreta a la mujer que se interpone románticamente entre los dos policías que investigan el caso. La ficción también muestra otra realidad, con el verdadero noviazgo de Scarlett y el protagonista Josh Harnett.
“Ni siquiera yo sabía lo que pasaba entre ellos”, nos comentó después Brian De Palma. “Recién me di cuenta cuando Scarlett volvió a la filmación de Bulgaria, cuando ya no le quedaban escenas por filmar. ¿Quién iba a querer venir de visita hasta Bulgaria por nada?”. Por supuesto, Scarlett tenía muy buenas razones para volver.
¿Es difícil mantener una relación a larga distancia para una actriz que filma todo el tiempo fuera de Los Ángeles?
Trabajando como actriz, como en cualquier relación, cuando alguien pasa cierto tiempo alejado pone a prueba esa relación. Es difícil, pero si el sentimiento es fuerte y una quiere seguir estando con la otra persona todo tiene solución.
En The Black Dahlia tu personaje es deseado por el mejor amigo de tu supuesto esposo y, aunque no avanza por lealtad, igual se nota la tensión sexual entre ambos. ¿Te parece algo común que también pasa en la realidad?
Supongo que es la típica frase “uno quiere lo que no tiene”. En la película la relación con el marido es muy compleja. Es muy dependiente, con un amor verdadero, pero son como hermanos. Y cuando conoce al otro personaje Bucky (Josh Hartnett), se da cuenta que tiene más interés y pasión por él. Pero volviendo a la pregunta, no sé si la fruta prohibida no significa el deseo de conseguir aquello que no se tiene.
¿Te sientes como la ”mujer fatal” de la película?
Nunca pensé en el personaje como una mujer fatal. No sale a arruinar ninguna relación ni piensa en robarle el corazón a nadie. No trata de seducir. A ella simplemente le gusta el hombre y se enamora. A mí siempre me gustaron los melodramas como los de Bette Davis, aunque no traté de copiar a nadie.
¿Te identificas en algo con tu personaje y las consecuencias que trae la ambición de la fama?
Tengo muchos amigos actores y también músicos que sufren, porque las posibilidades de éxito en este trabajo son una en un millón. Todos tratan de entrar en este mundo, de alguna forma. Cada vez que te involucras en un área donde existe la vanidad con un alto porcentaje de fracaso, siempre va a generar un nivel de desesperación que no siempre tiene final feliz. Esa clase de ambición, sin final, puede llevar a muy mal destino. Y en mi caso, por suerte, yo siempre me sorprendí por la suerte increíble que tuve, especialmente cuando me rodean actores que sufren la falta de trabajo. Yo me siento con mucha suerte.
¿Todavía te piden pruebas para contratarte en una película?
En ciertas ocasiones, sí. Es raro, pero sucede. Y me gustan las lecturas en frío y ese tipo de cosas. Me mantienen con los pies sobre la tierra. Después de todo, soy una actriz disponible. Jamás voy a rechazar la oportunidad de tomar una prueba por nada. Si quiero un papel determinado y solamente se lo dan a quienes tomen la prueba, la tomo.
¿Habiendo trabajado entre tantas estrellas como Robert Redford o Woody Allen, alguna vez te pusiste nerviosa por conocer a alguien muy famoso?
No es usual que me impresionen las grandes estrellas. Puedo contar con una mano las veces que me pasó: con Patrick Swayze, con Bill Clinton, con Jerry Springer. Nadie más me impresionó. Ni siquiera me pasó con Meryl Streep.
¿Te gusta la época de oro de Hollywood, la de The Black Dahlia?
Sí. Hay cierta decencia y clase que parece haberse eliminado con el paso del tiempo. Te vuelve un poco sentimental leer biografías de aquella época, cuando se cuenta el entusiasmo y el método de trabajo que tenían. Los actores eran increíbles. Hoy no es nada parecido.
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