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Jueves 5 de octubre, 2006 |
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Crítica de música: Un “chau” latinoamericano Clausura: La emotiva convocatoria de guitarras que fue muy ovacionadaAlberto Zúñiga betofono65@gmail No fue una clausura más. Algo flotaba en el aire que la hizo sentirse diferente. Cuando al final, sobre una coda del último tema interpretado por la Orquesta de Guitarras de la UCR, entraron en fila todos los solistas invitados a esta edición del festival, algo empezó a suceder que nos traía un mensaje de mucha trascendencia. Se fundieron en un abrazo con el director del festival, maestro Luis Zumbado, y luego hicieron una reverencia. Los jóvenes estudiantes de la orquesta justo se pusieron de pie en ese instante y levantaron sus guitarras al aire. Tuve un traslape de imágenes y visualicé una imagen más cotidiana: otros jóvenes en otros lugares levantando armas. Pero aquí no. Ese es nuestro placer, nuestro derecho y nuestra herencia. La música ha construido tantas cosas en este país que no puedo evitar sentir un cierto orgullo de nosotros mismos. Si, claro que eso es posible. En esta decimotercera edición del Festival Internacional de Guitarra los jóvenes talentos nacionales subieron a escena con propiedad de grandes mientras que, los grandes de verdad, lo hicieron con ampulosa humanidad dando cuenta de una fraterna actitud que los hizo todavía más grandes. Los jóvenes nacionales Eric Cascante ( Estudio 12 de H. Villalobos), Carlos Castro ( Danza de Cimarrón de E. Cordero) y David Coto ( Zapateado de L.Brower) fueron precisos, seguros y limpios en sus ejecuciones. Judith de la Asunción junto a Edín Solis compartieron su armoniosa presencia y encantadora comunicación a través de Toku (E.Solís). De La Asunción repitió con el maestro Zumbado, Bolero (E.Solís) y la noche adquirió un aire familiar de confianza. Bill McPherson (USA) propuso en guitarra acústica las cadencias de un blues y el brillo sonoro de las cuerdas metálicas remontó la historia afroamericana. Siguió el joven tico David Coto que después de su primer número invitó al maestro Juan Falú. Hermosa osadía que rompió con la tradición inversa en la que el mayor invita al menor y que se dio con respeto y propiedad sobre el tema Alfonsina y el Mar. El mexicano Juan Carlos López interpuso su calidad con música de su país. ( Son de la Negra y Pica Pica). Luego el chileno Carlos Pérez causó admiración por su fina interpretación de una tonada popular y nos recordó el paso por nuestro país del inmortal Agustín Barrios Mangoré quien, gracias a que vivió un cierto tiempo entre nosotros, pudo componer las hermosas Variaciones sobre el Punto Guanacasteco. Ari Lotringer (C.R) interpretó música de rock progresivo y Manuel Montero (C.R) una bulería. Es-ta última permitió que el público apreciara el talento colosal que expone Montero. La belleza musical paraguaya llegó en manos de Berta Rojas ( Balada de I.Ledezma y El último Canto de Mangoré). Impresionante digitación, voluptuosa y ascendente. Finalmente, los solistas cerraron con la participación de Juan Falú quien a su vez invitó al maestro Zumbado a tocar junto a él. Madurez y experiencia en un momento cumbre de la noche. Cerca del final el dúo nacional Zambra ( Canto del Agua y Caballo Viejo de S.Díaz) mostró su impecable sincronía y la Orquesta de Guitarras de la UCR concluyó el festival. El público simplemente ya está esperando la decimocuarta edición de un festival que democratiza el placer de la música. El título de este escrito obedece a que todo el repertorio ejecutado durante esa noche provino de autores latinoamericanos y fue un asunto no premeditado.
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