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Domingo 19 de noviembre, 2006 |
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Crítica de cine: El dedo en la llaga 16 cuadras: Buen policial en calles suciasWílliam Venegas wvenegas@nacion.com El emperador romano Tiberio pronunció la frase “A las ovejas se las puede esquilar, pero no despellejar”. Lo hizo para señalar la corrupción y falta de escrúpulos de sus ministros en el cobro de impuestos. Ahora, la película Muerte súbita (2006) pareciera recopilar esa frase en un relato policial. Muerte súbita se convierte, poco a poco, a cada punto de giro, en un texto congruente sobre la putrefacción policial, en el toque exacto donde tanto los “buenos” como los “malos” se fermentan al punto de la pudrición ética. Esa idea es el sustrato de una historia bien narrada y muy bien actuada por Bruce Willis, como Jack Mosley, el policía que debe llevar al delincuente Eddie Bunker (el actor Mos Def) a testificar ante un jurado, a las 10 en punto de la mañana, a 16 calles de distancia, desde la celda del implicado. Parece una tarea fácil, pero no será así, porque algunos quieren asesinar al testigo por razones que, cada vez, son más sorprendentes, pero nunca increíbles. No es ciencia-ficción, qué va: la película pone el dedo en la llaga y exprime toda posible cochinada purulenta. Al final, el filme esquila, pero no despelleja, porque algún asomo de optimismo debe haber, algo así como la esperanza en el fondo de la caja de las desgracias, de la caja pandórica que llaman. Lo bueno de esta película es que abandona siempre el tono de sermón, para concretar su discurso en forma de un buen policial. Este largometraje es buen pasatiempo, suspenso incluido, pero va más allá del simple entretenimiento, sin perjudicar en ningún momento el arte difícil de la narración cinematográfica. Es mérito del director Richard Donner. Donner muestra su pericia en las secuencias ocurridas en calles llenas de gentes, con distintas persecuciones y sin distractores. ¡Solvencia, eso es todo! Aún más, esas calles sucias y neoyorquinas se convierten en bien logrado campo de batalla del policía y de su protegido contra quienes los persiguen. En tanto, la música de Klaus Badelt se sugiere para enfatizar el ánimo de los sucesos. Buen subrayado. Lo que uno lamenta es el diseño hablantín del personaje Eddie Bunker, el testigo. A ese croquis, el actor Mos Def le corresponde con tal monserga hueca que lo cansa a uno. Al rato, ya no molesta el personaje, sino el actor Mos Def (nombre real: Dante Terrell Smith). Por la ruta de esa caricaturización, la película pierde fuerza en ciertas escenas de acción y en el cálculo de algunos diálogos. “Hablando, hablando, la ocasión se va afectando”. Por esto mismo podemos aplicarle a la película una frase que el policía Mosley le dice al delincuente Bunker: “La vida es muy larga y los tipos como usted la hacen más larga todavía”.
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