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Domingo 19 de noviembre, 2006 |
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A viva voz: Ana María Parra A. aparra@nacion.com
Tomada de pelo. Si tiene melena... ¡qué jalonazo! Hasta para ver estrellas. Si está calvo –por virtud de la navaja cero o porque la pelucera agarró las maletas– peor aún, ¡qué colerón! Ni esa condición de pelón lo salvó de la “mala jugada”. Para efectos de Tiquicia Ricardo no es Ricardo sino el Invisible Montaner. Orejas de burro. Lo más “ge”, “a”, “che”, “o” de esto es que hacía rato que Tiquicia no pasaba por la desagradable sensación de “nos vieron la cara” –en los 90 dejaron colgando a la gente, boleto en mano, con un concierto de Jerry Rivera, y hace un tiempo atrás algo similar casi pasa con Vision Divine. En la cima del cielo se quedó Ricardo. O sea, allá arriba, inalcanzable, pero con una nube de burla que pone rojo del enojo a cualquiera, en especial si compró un boleto para un concierto que no se va a hacer. Bufonada ¿Quién puede condenar a la gente que compró boletos si se sienten como personajes de broma? “Oh, ¿y ahora quién devolverá la plata? “ diría Florinda Meza invocando al Chapulín Colorado. “¡Cállese! Ándele, póngase las orejas de burro” –después de un buen azote– sería la escena en la Escuelita VIP con el grandote del Dr Cándido Pérez haciendo de carajillo. Déjame llorar. Ay amor, Será que no le verán sino hasta El final del Arcoiris o En el último lugar del mundo. Déjame llorar, Desesperado, Desesperanza. Bien “fe”, “e”, “o” para el artista, porque al final de cuentas cuando los medios publican dicen “ Fulano Montaner no... tal cosa. O bien: Cancelan a Ricardo Mengano”. o sea, el nombre del cantante es el que rueda por la tinta furiosa, desesperanzada o acusadora. Por más claro que esté el fan que no fue su amado el infiel, en el fondo queda siempre esa sensación de “me rompieron un poquito el corazón.” Aquí hay que preguntarse ¿qué tanto fuimos responsables los mismos medios de alentar ese encuentro no dado? ¿Quién debía escarbar hasta el fondo para saber que todo estaba en orden? A principios del 2000 cuando dijeron que vendría Pedro Almodóvar casi todos los medios ticos le dieron rienda suelta a la lengua y casi ninguno tuvo la precaución de que en esa época el divo del cine retorcido andaba por Cannes o en sus otras “coqueterías” y aquella visita fue la tomada de pelo más grande, y fuera de control que se ha hecho hasta ahora –porque hasta sus organizadores perdieron la dimensión–. Casi le cuesta el trabajo a las productoras –que se fueron en la trampa– ambas de nombre impecable, y los medios montaron en furia. Conciertos se caen todos los días, ahora toca sacar la cara y ponerse como perro de traba para que el que fue entusiasmado sea ahora desagraviado. Plata de vuelta, corazón remendado.
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