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Martes 16 de mayo, 2006 |
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Crítica de música: Son unos caballos » Espectacular: Un concierto que puede cambiar el curso del rock progresivo nacionalAlberto Zúñiga betofono65@gmail.com En lo que va del año esta es la segunda ocasión en que nos visitan músicos sobredimensionados de la vanguardia mundial. La primera sucedió con el bajista Michael Manring y el guitarrista Alex de Grassi. Esta segunda lo fue con el tecladista Jordan Rudess y su socio de proyecto el baterista Rod Morgestein. En principio no es mucho, sin embargo, la contundencia musical de ambas visitas, estoy seguro, irán a generar nuevos rumbos de producción en nuestra propia escena. Tiene que suceder dada la efervescencia que vivimos en esta materia y la cantidad de talentosos jóvenes que brotan de las escuelas y de las academias. El título de esta nota reproduce la exclamación más espontánea que siempre se escucha en este país cuando se está frente a un extraordinario hombre de música. Curiosamente, no se aplica a las mujeres y menos con el término yegua. Por dicha, pues suena horroroso. En todo caso, que estos músicos sean unos caballos no es un insulto para los equinos, más bien resulta un piropo para los músicos pues se les está atribuyendo todas las virtudes de belleza, bríos e indomabilidad que poseen los admirados caballos en estado salvaje. Míticos. Observando la reacción de la concurrencia y escuchando el material que trajeron Rudess y Morgestein al país, me da la impresión de que este será un concierto mítico. Llegaron como dioses y se fueron como tales. Por lo tanto, más que caballos serán centauros que dejaron marcadas unas profundas huellas en el ideario de quienes tuvieron la oportunidad de escucharlos. Solo dos hombres en escena fueron capaces de reproducir toda la música que uno pudiera imaginar. Desde luego que para ello es necesaria una mente privilegiadísima como la de Rudess, en materia de composición, y un talento indescriptible como el de Rod Morgestein en la batería. Para Jordan Rudess este tipo de proyecto no es nuevo pues con el Liquid Tension Experiment había logrado alcanzar niveles expresivos que con el grupo Dream Teather no eran suficientes. Estar junto a Tony Levin, John Petrucci y Mike Portnoy le brindó a Rudess una dimensión inusual y dejó aflorar sus grandes dotes de compositor. Pero va más allá. Rudess conoce la voz de los instrumentos y obtiene impecables emulaciones del bajo, las percusiones menores, un Grand Piano, el arpa, trompetas y guitarras eléctricas. ¡Un coloso! Por su lado, Morgestein deja atónita a la audiencia por la firmeza de su beat, la diversidad sonora de su expresión, el manejo de los tiempos, la intensidad en los ataques, la suavidad y la fortaleza de su estilo y, muy por encima de todo, la extraordinaria creatividad de la que hace gala. Morgestein es el prototipo del baterista del nuevo milenio. El concierto se basó en una buena cantidad de improvisaciones sobre sketches previamente estudiados y la tónica general de las piezas se mantuvo dentro del speed metal, con algunos giros de gran introspección por parte de Rudess. Vale la pena resaltar el buen sonido que Memo Gómez nos brindó. En lo personal me fascinó el volumen.
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