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Jueves 4 de mayo, 2006 |
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Crítica de televisión: Realidad colada » Poca fuerza y mucha intervención le restan puntos a Desde Adentro.Cristian Cambronero xtian@sentidourbano.com Es innegable que la expectativa era alta. Desde Adentro llegó a la televisión este lunes precedido por dos excelentes producciones de su creador: el periodista y productor Ignacio Sánchez. Pero no sentí en el nuevo programa el impacto de los anteriores. El primer capítulo, dejó en este televidente más dudas que asombro. Desde Adentro es una mezcla entre documental y reality show. La combinación no es nueva, y en los últimos años se ha explotado con gran suceso al rededor del mundo. El programa pretende mostrar cómo es la vida de su protagonista de turno. En el primer capítulo: los médicos de la sala de emergencias del Hospital San Juan de Dios. El programa se me hizo lento y hasta tedioso. A pesar del dramatismo que -uno supondría- priva en un lugar como una sala de emergencias, Desde Adentro no logra captar esa tensión, ni el drama humano, o la verdadera naturaleza crucial de los momentos que vive quien está al filo de la muerte, o el que intenta salvarle la vida. En su lugar, vimos una repetición circular de testimonios, de lo mismo dicho con distintas palabras; girando en torno a un mismo tema y aportando poco al objetivo del programa. El punto más alto de Desde Adentro es precisamente su temática. En el capítulo del lunes, observamos algunos aspectos realmente interesantes de la labor del personal médico. Información a la que probablemente no tendríamos acceso de otro modo. Es precisamente por eso que Desde Adentro queda debiendo. Sin caer en la explotación del morbo gratuito, habría esperado tomas más elocuentes, encuadres más descriptivos del espacio y el momento, y testimonios más casuales. La locución de Sánchez, con el mismo histrionismo que le imprimía en Expediente CR06 y Protocolo 84, nos remite irremediablemente a esos programas y su naturaleza de realidad recreada. Su aparición en cámara haciendo las preguntas a los protagonistas también resulta gratuita. El diálogo entre los entrevistados se podría construir sin la presencia de un interlocutor que los cuestione, y el programa fluiría en manos de quien corresponde: de sus protagonistas. El diseño gráfico simple y con los mismos colores que se utilizaron para Protocolo, y la musicalización cargada de intención dramática, son dos ingredientes más que confabulan para producir ese flashback tan contraproducente. Pero lo que menos me simpatizó fue el cierre estilo moraleja, a cargo del propio Sánchez, quien nos dijo qué y cómo pensar sobre lo observado. Ese tipo de "editorial filtrado" subestima la capacidad crítica de la audiencia para extraer una conclusión propia con base en lo mostrado (y lo no mostrado). Me queda la sensación de que Desde Adentro se le acerca a alguien, le hace preguntas, se le para a la par y posan juntos para la foto. Pero no entra.
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