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Miércoles 22 de marzo, 2006

Notas Espectáculos:

Foto Principal: 1215223

Éxito. Marx en el Soho logró un lleno total en el Teatro 1887Alfredo huerta


Crítica de teatro: Marx en Nueva York

» EnergíaUn fantasma recorre el Soho

William Venegas
wvenegas@nacion.com

He aquí una sorpresa. ¡Ha reaparecido el alemán Karl Marx (1818-1883)! El único problema, como si fuera un desvarío de la ciencia-ficción, es que reaparece en el Soho neoyorquino y no en el de Londres de su exilio, de sus luchas y de su reconocida intelectualidad.

Tal es el nudo dramático de un texto titulado Marx en el Soho, de Howard Zinn, teórico estadounidense del concepto "La política es historia", quien escribió el famoso libro A People's History of the United States (Historia Popular de Estados Unidos). Zinn ha sido llamado "un alborotador con corazón de oro". Ese calor humano está en su recreación de un posible regreso de Marx, solo para que este confirme que el paso al socialismo será largo y costoso.

Con ironía, Marx nos repite que él no es marxista, ni siquiera hoy, cuando ratifica que el capitalismo alimenta la rebelión por su propia naturaleza egoísta e injusta. Con hitos de humor fino, este texto, en manos de cualquiera, no pasaría de ser una mera enunciación política o un panfleto escénico, pero en el favorecido talento del actor cubano Michaelis Cué es documento vitalista y, sobre todo, un registro sobre el amor y el calor humanos.

Con cada signo actoral, con creatividad escénica, cara al público si es necesario, con sabio aprovechamiento de las luces, el actor Michaelis Cué enhebra y deshebra un trabajo escénico aplastante e inolvidable. Es la suma entre el don natural y su rigurosa fermentación.

Con gran energía y en jornada escénica unipersonal, este actor diseña y encarna a un personaje (Marx) que es energía colectiva como intelectual, filósofo, economista y político, bautizado y circundado, para quien solo había algo peor que leer economía política, y es ¡escribir sobre economía política!

Los giros y exploraciones del actor y director cubano nos llevan por distintos niveles de atención (de lectura, si prefieren). Así, vemos al Marx compañero inquebrantable de Jenny von Westphalen, con quien compartió la pobreza, esa que no llega por vocación, sino como consecuencia de una sostenida lucha contra el sistema, desde el círculo de los jóvenes hegelianos hasta la Primera Internacional.

En escena, conocemos una inolvidable borrachera con el anarquista ruso Bakunin; su sentida amistad con el alemán Engels; la admiración por los comuneros de París; el amor por sus hijas. Con el propio Marx, lo recordamos desde el Soho neoyorquino con el fondo oportuno de la música, del jazz y del blues, claro.

Al final de la obra, los aplausos desbordados de un teatro lleno fueron el gran reconocimiento para un eximio trabajo teatral: fue privilegio verlo y es privilegio escribir de él.



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